Para dedicarse a la política en EEUU no bastan unas cuantas ideas y un verbo fácil frente a la cámara. Hay que recaudar dinero, montañas de dinero, un aspecto que al presidente Barack Obama se le da particularmente bien. A poco más de seis meses de la reelección, no pasan tres días sin que Obama comparezca en un evento para recaudar fondos, fiestas privadas donde el cubierto puede costar tanto como los ingresos anuales del americano medio. Anoche la fiesta era en casa del actor George Clooney, una oportunidad para reconciliarse con un Hollywood que empezaba a verle en blanco y negro.
Varios ciudadanos esperan la llegada de Obama a la casa de Clooney, en Los Ángeles. MARIO ANZUONI | REUTERS
Obama llegó a la mansión de su amigo en el exclusivo barrio angelino de Studio City en un momento propicio, tras declarar el miércoles que "las parejas del mismo sexo deberían poder casars", una afirmación insólita para un presidente en ejercicio. En la entrada se topó con algunos seguidores con carteles como"La familia gay le da las gracias, señor presidente". Y ya dentro, le esperaban 150 invitados de lo más granado del Hollywood demócrata. Actores como Barbra Streisand, Robert Downey Jr, Salma Hayek o Tobey McGuire. Productores como Mina Jacobson o directores como J.J. Abrams, el realizador de Super 8. Todos ellos pagaron 40.000 dólares por la entrada o, lo que es lo mismo, un total de 6 millones.
Pero los organizadores anunciaron que la recaudación total podría ascender hasta los 15 millones, lo que convertiría la noche de política-espectáculo en casa de Clooney en una de las más lucrativas de las que se tienen registro. La diferencia saldrá de la rifa organizada por la campaña de Obama entre sus seguidores, que donaron una media de 23 dólares para participar en el concurso de dos invitaciones para la velada.
"La respuesta ha sido espléndida y lo que es más interesante para mi es que casi dos tercios del dinero viene del apoyo de las bases, del 99%", decía este jueves el organizador del evento, Jeffrey Katzenberg, consejero delegado de Dream Works Animation y ex presidente de Walt Disney. Desde hace tres semanas la campaña ha cortejado a los pequeños donantes animándolos a participar con mensajes con encabezamientos como "Un poco de diversión", "Clooney y yo" o "Nosotros nos encargamos del billete de avión".
Antes de recalar en Los Ángeles, Obama hizo escala en otros dos eventos recaudatorios en Seattle, donde aprovechó para sacarle punta a su apoyo al matrimonio homosexual, presentándose como el baluarte de la igualdad ante la ley. "Los americanos deberíamos ser capaces de progresar sin importar quiénes somos, de donde venimos, el aspecto que tenemos, cuál es nuestro apellido o a quién amamos", dijo en el teatro Paramount de la capital del grunge.
Su cambio de posición respecto al matrimonio gay podría devolverle parte del entusiasmo perdido en los últimos años entre la industria del cine y la televisión, una de las principales fuentes de financiación para el Partido Demócrata desde la presidencia de Bill Clinton. Solo en el 2008, año de la elección de Obama, Hollywood donó 40 millones de dólares a sus políticos. Pero desde entonces son muchos de los pesados de la industria que han expresado la decepción con su mandato. Desde Morgan Freeman a Matt Damon o Sean Penn. Obama, consideran sus críticos, no está siendo ese presidente que prometió transformar el país, sino un pragmático calculador que acaba haciendo las cosas a medias. Y nadie olvida que el presidente se alineara con Google, Facebook y la industria digital durante la batalla en el Congreso por las leyes antipiratería, promovidas por el cine y la televisión.