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Con la guerra de Irak finalizada, Osama Bin Laden muerto y su polémica guerra de drones no refutada públicamente por los republicanos, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, contaba con la seguridad nacional como uno de sus puntos fuertes en esta campaña electoral, algo no extremadamente habitual entre candidatos demócratas.
El embajador de EEUU en Libia, Chris Stevens, habla con los medios, el pasado abril, en Bengasi. Ben Curtis | AP
Contaba. Su rival, Mitt Romney, ha decidido abrir otro flanco de ataque al presidente en este campo, y ha encontrado munición para hacerlo en el asalto que se produjo el 11 de septiembre en las instalaciones consulares en Bengasi, en el que murieron el embajador Chris Stevens (el primer embajador en activo de EEUU asesinado desde 1979) y otros tres miembros de la misión en Libia.
Aunque inicialmente la Administración vinculó aquel ataque al controvertido tráiler islamófobo que provocó violentas protestas en el mundo árabe, ha reconocido semanas después que en Bengasi no se produjeron esas manifestaciones y que el asalto fue un ataque terrorista organizado.
Esta misma semana una vista organizada en un comité de la Cámara Baja del Congreso dejó de manifiesto que el Departamento de Estado rechazó una petición de extender la presencia en Libia de un grupo de militares que reforzaba la seguridad en la embajada en Tripoli (no en el consulado). Y los republicanos se han lanzado a la yugular del vicepresidente Joe Biden por decir en su debate del jueves con Paul Ryan: "No nos dijeron que querían más seguridad, no lo sabíamos".
La Casa Blanca y fuentes de la Administración han defendido que cuando Biden usó el plural se refería solo al presidente y a él, no al Departamento de Estado, que fue quien recibió la petición y la denegó, sin que esta llegara nunca a los briefings de seguridad de Obama. Sus explicaciones, no obstante, no frenan el asalto republicano.
"Necesitamos entender exactamente qué paso", dijo el viernes Romney en un mitin en Virginia. "Cuando el vicepresidente de EEUU contradice testimonio jurado de cargos del Departamento de Estado, los ciudadanos estadounidenses tienen derecho a saber qué está pasando y vamos a descubrirlo".
La apuesta de Romney no es nueva. El mismo día del ataque, cuando aún no sabía que había muerto Stevens pero ya se habían producido incidentes sí vinculados al vídeo en la embajada de El Cairo, Romney criticó que ese puesto diplomático hubiera emitido un comunicado criticando las imágenes ofensivas con Mahoma en lugar de a los asaltantes. Aun cuando supo de la muerte de Stevens y que la Casa Blanca no había autorizado el comunicado de El Cairo, Romney compareció en una rueda de prensa y mantuvo las críticas al presidente, logrando que incluso le reprobaran muchos republicanos.
Ahora, cuando tras su primer debate en Denver con Obama Romney ha conseguido dar un giro a las encuestas y colocarse igualado o incluso con ventaja sobre Obama en algunos sondeos, el partido se une tras él en el asalto a la política exterior. Y Romney, que el lunes ofreció también en Virginia, un estado con importante voto militar, un discurso sobre política exterior, no va a dejar escapar otra oportunidad de hacer mella en el presidente, cuya aprobación en este campo ha pasado del 54% en agosto al 49% tras el atentado de Bengasi según una encuesta de NBC y 'The Wall Street Journal'.
Obama y Romney tendrán oportunidad de hablar sobre Libia en su segundo debate, el martes en Hempstead (Nueva York), un 'town hall' que combinará temas nacionales e internacionales. El tercer y último debate, el día 22 en Florida, está planeado como uno centrado en política exterior.