No hay mejor manera de poner a un rival político a la defensiva, o como mínimo de confundir al electorado, que utilizar tus propias vulnerabilidades para achacárselas a él. Y eso es lo que está haciendo últimamente Mitt Romney, el virtual candidato republicano a la presidencia de EEUU. En las últimas semanas, Romney ha acusado al presidente Barack Obama de ser políticamente inconsistente, de librar "una guerra contra las mujeres", de querer desmantelar la sanidad de los pensionistas y de vivir en una burbuja. Exactamente lo mismo que le reprochan sus críticos.
Romney, durante un acto electoral en Ohio, el 19 de abril, junto a un cartel que reza 'Obama isn't working' (Obama no funciona). Jae C. Hong | AP
Esta táctica es una de las artes del manual de Karl Rove, el cerebro de las campañas electorales del expresidente George Bush hijo, un maestro de la manipulación, enormemente influyente en el Partido Republicano. El demócrata John Kerry y el conservador John McCain ya sufrieron en su día esta medicina envenenada. Sus hojas de servicio en Vietnam acabaron siendo utilizadas en su contra por los asesores de Bush, quien nunca llegó a servir en las selvas asiáticas.
Ahora es Romney quien intenta traspasar sus debilidades a Obama. Empezando por esa que le acusa de ser un multimillonario ajeno a las tribulaciones del americano medio. "Es el presidente quien está desconectado", ha dicho tras acusarle de llevar años volando en el Air Force One y vivir rodeado de una corte de aduladores. "Quizás haya pasado demasiado tiempo en Harvard", sugirió en otro momento. Lo cierto es que Romney pasó más años en Harvard que Obama y, aunque los dos se formaran en instituciones elitistas, el presidente lo hizo apoyándose en becas y esos mismos créditos universitarios que ahogan a medio país.
Otro de los problemas del exgobernador de Massachusetts son las mujeres, distanciadas del Partido Republicano por su campaña contra los anticonceptivos, las clínicas de planificación familiar y los ultrasonidos vaginales. "La verdadera guerra contra las mujeres la han librado las políticas económicas de Obama", ha contraatacado Romney arguyendo que más del 90% de los empleos perdidos durante la crisis eran de mujeres. Pero su afirmación es "mayormente falsa", según Politifact.com, una web premiada con el Pulitzer que analiza las palabras los políticos.
Romney también ha acusado a Obama de ser un flip-flopper, su eterno sambenito, alguien que cambia de postura según la circunstancia. O incluso de tener una agenda oculta para su segundo mandato.
Y aunque poco se sabe de los planes futuros del presidente, su rival no es precisamente un cristal de transparencia. No hace mucho le dijo al semanario Weekly Standard que pretende eliminar varios ministerios, "aunque no te voy a decir ahora cuáles".
Quizás la acusación más burda es la que atribuye al presidente Obama supuestas intenciones para eliminar Medicare "tal y como lo conocemos", el popular programa de sanidad pública para los pensionistas.
Es cierto que el reciente presupuesto presentado por la Casa Blanca plantea recortar sus partidas en 500 millones de dólares (380 millones de euros) durante la próxima década, pero la tijera va dirigida a los proveedores y no a los beneficiarios. En cambio, el presupuesto republicano propone sencillamente privatizar Medicare. Un presupuesto que Romney ha definido como "maravilloso".