La economía de EEUU sigue lejos de ser boyante, pero al menos no retrocede, como le sucede a una eurozona técnicamente en recesión, y mantiene su escalada continua desde hace más de tres años. Según las cifras presentadas este viernes por el Departamento de Comercio, la actividad económica creció un 2% del PIB en el tercer trimestre del año, siete décimas más que en el anterior. El dato, sin ser extraordinario, otorga un respiro al presidente Barack Obama a solo 10 días de las elecciones, un dato al que hay que sumar la caída del desempleo en septiembre, que pasó del 8,1% de parados al 7,8%.
La cifra del crecimiento presentada hoy es mejor de lo que esperaban los economistas, en parte por el repunte del mercado de la vivienda, que parece haber tocado ya fondo, y la ligera recuperación del consumo. Y es que muchos esperaban que la caída de las exportaciones, impulsada por la ralentización de la economía china y los problemas en la eurozona, tuviera un impacto mayor en el crecimiento de EEUU.
El otro factor de peso que está lastrando una recuperación más vigorosa es el llamado 'precipicio fiscal', las subidas de impuestos y los recortes automáticos del gasto que entrarán en vigor a partir del 2013 si demócratas y republicanos no llegan antes a un acuerdo para evitarlo. Según varias predicciones, incluidas las del Fondo Monetario Internacional, EEUU podría entrar en recesión a menos que ponga remedio al 'precipicio fiscal'.
Un estudio de la Asociación Nacional de Manufacturas augura la destrucción de 6 millones de empleos antes del 2015 y sitúa el paro por encima del 12%. Esta incertidumbre, provocada esencialmente por la disfunción política estadounidense, ya se está notando en esta recta final del año. El mismo estudio asegura que han caído las inversiones en maquinaria, se ha frenado la expansión de algunas empresas y se están produciendo reducciones de plantilla para contrarrestar el impacto de la subida de impuestos y la caída de las inversiones públicas.