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LAS RELACIONES CATALUNYA-ESPAÑA Y LA CRISIS SOCIOECONÓMICA

Pujol: Un tiempo de gran trascendencia

"Hay que ser capaces, pese a la penuria económica, que lo hace muy difícil, de hacer el esfuerzo de exigencia social y solidaridad que la situación reclama"

Jueves, 15 de noviembre del 2012 - 17:49h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Jordi Pujol Expresidente de la Generalitat

Hoy, en otoño del 2012, se producen hechos de gran trascendencia. Hechos que marcarán el futuro. Uno que viene de lejos, pero que en poco tiempo ha cogido una trascendencia extraordinaria. Ha pasado en primera fila. Es el de la relación entre Catalunya y España. Es un problema muy antiguo, muy antiguo. Que ha atravesado momentos de todo. Pero después del franquismo, con la democracia y la integración en Europa y el progreso económico y social, ha habido un tiempo en que parecía que esto mejoraba o incluso que se podía resolver. Y desde Catalunya se hizo un gran esfuerzo en este sentido.

Pero no ha sido así, y ahora el problema de esta relación o de este encaje --de esta mal encaje-- se vuelve a plantear con mucha intensidad. Tanto es así que nunca como ahora, desde hace 300 años --es decir, desde 1714, que ya es decir--, no se había vivido un momento en que con tanta fuerza y tan democráticamente y tan serenamente se plantease la cuestión de la independencia de Catalunya. Para llegar aquí ha sido necesario que durante los últimos 10 o 12 años la orientación positiva que parecía que se podía ir imponiendo cambiase hacia los planteamientos más clásicos y agresivos de la historia española política y administrativamente muy contrarios a toda singularidad lingüística y cultural, muy centralistas . Que llevaría que Catalunya como nación, lengua y cultura, pero también como sociedad equilibrada e integradora y como economía dinámica se fuera ahogando, se fuera diluyendo. Y eso, impuesto ahora con gran decisión. Como si pensaran que "ahora es la hora, ahora o nunca", de borrar esta anomalía que es Catalunya.

Una imagen de la multitudinaria manifestación que el pasado Onze de Setembre abarrotó las calles del centro de Barcelona. ALBERT BERTRAN

Y se ha producido una situación de ahogo financiero y de pérdida de capacidad de autogobierno que repercute y repercutirá en la calidad de nuestro Estado del bienestar y se convertirá en una amenaza para nuestra cohesión social. Y todo esto pone en peligro nuestra identidad de lengua y cultura. Y el trato y el menosprecio con que esto se hace produce un sentimiento de dignidad herida.

A todo esto Catalunya ya está dando respuesta. Con mucha energía. Pacífica y democráticamente, como debe ser. Pero con mucha energía. Con diálogo y espíritu abierto, pero con mucha energía. Con mucho respeto hacia todos, pero reclamando nuestro propio respeto con mucha energía. Las cosas no pueden ser como han sido hasta ahora. Y no lo serán a no ser que Catalunya se asuste a la primera tormenta.

Una crisis que viene de lejos

Otro hecho de gran trascendencia es la crisis económica y social. Muy grave y que viene de lejos. Tan grave y tan de fondo que las cosas tardarán en volver a ser como antes. Y en cierto sentido no volverán a ser como antes, como hace cinco o diez años. Esto no es una crisis de ida y vuelta. Es una crisis que comportará un cambio largo y en profundidad. Que no necesariamente tiene que ser negativo. Puede ser positivo. Muy probablemente será positivo. Pero sobre bases nuevas. Con conductas nuevas. Con valores nuevos.

El modelo económico y social al que habíamos llegado ha representado un formidable progreso sobre lo que éramos hace 30 o 40 años. Pero con el tiempo ha creado disfunciones, abusos y fallas incluso éticas. Éticas pero también de eficacia. Habrá que revisarlo. La sociedad deberá revisar. Con la condición de que hay quien es más responsable que otros de lo ocurrido, y esto debe quedar claro, pero poco o mucho somos todos. Como mínimo todos deberíamos revisar alguna actitud. Si esto no se tiene en cuenta, la revisión que indefectiblemente debe hacerse nacerá muerta.

Grosor de país

En estos temas y en todo no hay que tener miedo de ser realistas. Pero también no tener miedo. No tener miedo con respecto a la reclamación de un marco político e institucional catalán que asegure nuestra continuidad como pueblo, la cohesión de nuestra sociedad, el progreso económico y la convivencia entre los que vivimos y trabajamos en Catalunya. Es decir, entre todos los catalanes. Y habrá que ser capaces, a pesar de la penuria económica, que lo hace muy difícil, de hacer el esfuerzo de exigencia social y solidaridad que la situación reclama. Y será necesaria aún otra cosa: tener confianza en nosotros mismos.

Sí, en Catalunya hay suficiente grosor de país para, con energía y confianza, hacer un país nacionalmente bien consolidado, socialmente más justo y con las perspectivas de futuro abiertas.

http://www.jordipujol.cat/

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