Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba deploró ayer el derecho a decidir de Catalunya y su inclusión en el programa electoral del PSC, la dirección de los socialistas catalanes ya sabía lo que iba a decir y bendijo la estrategia. El líder del PSOE y su homólogo del PSC, Pere Navarro, cenaron el domingo en la sede de la madrileña calle de Ferraz, junto a otros dirigentes de ambos partidos, para pactar sus discrepancias sobre el referendo soberanista.
Ambas partes asumieron que sus divergencias no podrán resolverse antes de las elecciones del 25-N, por lo que decidieron transmitirlas con toda naturalidad, a fin de no dañarse mutuamente. Ni Navarro puede dar la espalda al derecho a decidir si quiere salvar lo más posible la partida electoral, ni Rubalcaba puede avalarlo en plena marejada interna en el PSOE tras las debacles de Galicia y Euskadi.
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