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REFLEXIÓN PARA LA JORNADA ELECTORAL

Ilusión

"Porque en medio de las nubes bajas, en Catalunya, la idea de país, de pueblo en marcha, y las ganas de vivir como lo que somos y --mejor-- como lo que podemos ser, está ahora ahí"

Viernes, 23 de noviembre del 2012 - 10:51h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Jordi Pujol Expresidente de la Generalitat

Nuestros últimos escritos han subrayado el carácter extraordinario, fuera de lo corriente, de las elecciones del domingo próximo. Y el momento realmente crítico en el que se hacen. Se hacen en medio de una crisis económica que por su magnitud marcará un antes y un después. Y que amenaza nuestro estado del bienestar, esta gran conquista social de la Europa de los últimos 70 años. Y que afecta nuestros valores. Y que hace que el estado de ánimo de la sociedad no sea bueno.

Miedo. Escepticismo. Frustración. Irritación. Falta de confianza. Son ahora actitudes dominantes.

Una 'estelada' y una 'senyera' en dos balcones de Barcelona, una semana después de la Diada. Joan Puig

Y sin embargo en la Catalunya de hoy también hay actitudes esperanzadas y positivas. Y hay una que sola no nos sacará del mal tiempo en el que vivimos, pero que es importante. Que puede ser muy importante. Y que en la forma y la intensidad en la que la estamos viviendo podría hacer más fácil salir del terreno rocoso y árido y poco agradecido en que nos encontramos. Y es que, en medio de todo este panorama que tira a deprimente en Catalunya, hay un componente importante de ilusión. Esto no borra todo lo que hemos dicho de preocupación generalizada. No lo hace todo color de rosa. Pero sí es cierto que en medio de este paisaje sombrío --que es el de toda Europa, o casi-- en nuestra casa se dan algunos hechos positivos con más frecuencia o más fuertes que en otros países. Hay espíritu emprendedor, hay creatividad cultural, hay una gran capacidad de crear redes sociales y de movilizar energías al servicio de estas redes. Pero sobre todo ahora lo que hay es más ilusión que en muchos países de Europa. Más ilusión colectiva. Más ilusión de país.

Rayo de luz

Puede parecer o puede ser paradójico que en un momento más bien triste en gran parte de Europa --tanto en países muy potentes, como Francia, como países más modestos, como Portugal o la misma España, que en muy pocos años ha pasado de la euforia a la melancolía-- en Catalunya, a pesar de participar de la misma inquietud, haya surgido en cambio un rayo de esperanza. Un muy potente rayo de luz y de esperanza.

Esto tiene una explicación. En Catalunya hay mucho paro. Hay mucha gente y muchas empresas con dificultades. El nivel de vida ha bajado. A pesar de ser más dinámicos que el resto del Estado, la economía catalana sufre. Y mucha gente sufre. Sin embargo, el país no está dormido. Ni resignado. Todo esto coexiste con una actitud ilusionada y esperanzada.

¿Cómo se explica esto? Se explica porque al contrario de lo que ocurre casi en toda Europa, y en España, Catalunya ahora no está confrontada solo --aunque también-- con un gran problema económico y social, e incluso de modelo de sociedad, sino también con un problema de razón de ser y de manera de ser. De querer ser algo que valga la pena. De algo que nos haga sentir alegría de ser lo que somos. Y que por lo tanto lo queremos conservar y mejorar. Catalunya tiene un problema económico y social, como todo el mundo o casi todo el mundo, a veces muy grave. Como también lo es en la mayor parte de Europa. Pero además tiene un problema de respeto, de exigencia de dignidad. Y un problema de identidad, de poder ser lo que se es.

Pueblo pacífico pero no manso

Es un país que quiere vivir, y lo quiere hacer con una plenitud que ahora le es negada. Y mucha ambición. Y mucha capacidad de concienciación. Y de integración. No quiere ser un país a medias. Ni manso. Pacífico, sí, pero manso no. Quiere ser un país del cual enorgullecerse. Y un país potente. Potente no por fuerza --tendremos la que tendremos-- pero sí por calidad social, cultural y humana. Queremos ser un país que haga ilusión. A los de fuera y sobre todo a los de dentro. A los de dentro, y también a los de fuera.

Para lograr esto necesitamos libertad política, justicia y equilibrio social, espíritu de convivencia, mentalidad de superación. Y no estar financieramente ahogados, descabezados políticamente, frenados en nuestro estado de bienestar, frenados en nuestros proyectos. Y con peligro constante de que nuestra ilusión se marchite.

El peligro de marchitarse

Y precisamente la ilusión puede ser, y de hecho ya lo es ahora en buena parte, la clave que a pesar de todo hoy en Catalunya haya más esperanza, más audacia y más capacidad de proyecto. Y es la ilusión, es decir, no pactar con la mediocridad ni con la resignación, la clave que hoy en Catalunya haya más fe. Y más capacidad de resistir. Y también más ambición. Y más confianza. Y más asunción, como país, del riesgo. Es decir, además de todo aquello sin el cual un pueblo se va marchitando.

Las elecciones del 25-N serán el inicio de una Catalunya nueva. Lo pueden ser. Porque en medio de las nubes bajas, que poco o mucho tapan el cielo de más de media Europa, en Catalunya la idea de país, de pueblo en marcha, y las ganas de vivir como lo que somos y --mejor-- como lo que podemos ser, está ahora ahí.

Hay un rayo potente de ilusión. De redescubrimiento del espíritu libre que llevamos dentro.

http://www.jordipujol.cat/

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