El primer lugar que un joven de fuera de Barcelona ubica al descubrir la ciudad es la estación de tren o autobús que lo conecta con su población de origen. Para David Selvas, esa referencia fue, durante mucho tiempo, la parada del Sagalés del paseo de Sant Joan. Ese punto en la Dreta del Eixample era su kilómetro cero en la ciudad, el lugar de llegada y partida hacia su localidad natal, Santa Perpètua de Mogoda, desde Barcelona, donde lleva media vida -20 años- residiendo. El azar ha hecho que su piso esté situado frente a la parada del bus que lo llevaba a casa. «Mi madre viene de visita desde Santa Perpètua y el autobús la deja justo delante de casa», explica Selvas, Ernest en la serie La Riera, de TV-3.
En forma Diez kilómetros de salud y superaciónSELVAS , QUE HA PARTICIPADO EN MARATONES DE CHICAGO Y SAN SEBASTIÁN, SALE A CORRER POR LA GRAN VIA Y LA DIAGONAL HASTA EL MAR CARLOS MONTAÑÉS
Información publicada en la página 49 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 15 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«He pasado muchos años buscando piso en Barcelona», dice. Interesarse por las viviendas en venta se ha convertido ya en una afición para él. «Me acuerdo perfectamente de algunos pisos que visité, como uno de 240 metros cuadrados en la calle de Parlament que valía, en aquel momento, 33 millones de las antiguas pesetas. Ahora me estiraría los pelos por no comprarlo, pero entonces no podía pagarlo», cuenta el actor, siempre dispuesto a echar un cable a sus amigos en la búsqueda de piso.
Finca de siglo y medio
En la Dreta del Eixample, David Selvas ha encontrado lo que él buscaba: un piso antiguo, en una finca de hace aproximadamente un siglo y medio y generoso en metros cuadrados. En su interior ha podido y ha querido preservar detalles como sus techos originales, con vigas separadas por bovedillas, suelo hidráulico e, incluso, «restos de las primeras pinturas del inmueble», puntualiza. «Para nuestros padres, lo nuevo es lo bueno, tal vez porque ellos no pudieron estrenar una casa, pero en nuestra generación somos muchos los que valoramos más las cosas antiguas», considera el actor.
El edificio donde vive David Selvas es, como tantos otros en el Eixample, «de una época en la que había dinero y tiempo para hacer las cosas bien hechas». La reflexión del actor conecta con uno de sus consejos: «Yo siempre recomiendo pasear por el Eixample alzando la vista, para contemplar los detalles artísticos de sus fachadas, todas diferentes. Es maravilloso. Se lo sugiero a mis colegas». «Porque siempre acostumbramos a ir mirando al suelo y caminando rápido -añade-. Yo ahora disfruto del recorrido hasta el Lliure de Gràcia. Es un paseo superchulo», explica. David Selvas dirige allí la adaptación de la Hedda Gabler , de Henrik Ibsen, en la que también interpreta al personaje de Brack. La obra estará en el Teatre Lliure hasta el 19 de febrero, antes de salir de gira por Catalunya, Bilbao y Madrid. Desde mayo y hasta el 10 de junio, Selvas estará en el Romea dirigiendo y actuando en L'habitació blava, la adaptación de David Hare de La ronda, de Arthur Schnitzler
Ventajas e inconvenientes
Selvas realiza muchos trayectos a pie por Barcelona. «Una de las ventajas de vivir en el Eixample es que puedes ir a pie a muchas partes», dice. «Bueno, para ir a Montjuïc, voy en bici o en moto», aclara. Y, aunque haya quien las considere inconvenientes, el vecino de la Dreta del Eixample sabe hacer una lectura positiva de algunas carencias de su barrio. «El Eixample Esquerra es más glamuroso, allí hay muchos más restaurantes. La Dreta es más un barrio de horarios familiares, más tranquilo para vivir, aquí te sientes cerca del centro, pero no en el agobio del rovell de l'ou, esta densidad de población es muy buena y los fines de semana es supertranquilo. Pero, precisamente por eso, como no te pilla tanto, y no hay muchos restaurantes para cenar, buscas bastante, te mueves hacia otros barrios, como el otro Eixample o, por ejemplo, Ciutat Vella», opina. Selvas también habitó durante algunos años en este último distrito. «Viví en un Born que no es el superturístico que hay ahora. Me encanta volver a darme una vuelta por allí, pero ahora ya no es barrio», lamenta. Él tenía claro que si dejaba Santa Perpètua, de donde se sigue sintiendo parte, para instalarse en Barcelona, tenía que ser para vivir en una zona céntrica.
Admirador de ciudades como París o Amsterdam, de las que el actor aprecia detalles como «plantas frente a los portales, o pérgolas de cafeterías singulares», se muestra crítico con la gestión del espacio público en Barcelona: «Por una relación muy purista con la calle, nos hemos cargado muchas cosas, como la personalidad de la Rambla».