De niña, en el colegio, Maria Rosa Gendrau (Barcelona, 1957) se afanaba en acercarse a las compañeras que intuía tenían algún problema e intentaba ayudarlas, a veces simplemente escuchándolas. Por eso no es extraño que aquella entrega se haya traducido en su carrera y pasión. Desde hace cuatro años trabaja como psicóloga clínica en Ressorgir, una asociación con sede en el Eixample (Bruc, 88) que ayuda a enfermos mentales y a sus familiares, que lucha por evitar su estigmatización y que persigue mejorar la calidad de vida de unos y otros. En las dependencias de Ressorgir, Gendrau desgrana tranquilamente los intríngulis de unas enfermedades casi invisibles para el resto de la sociedad.
Información publicada en la página 46 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 15 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
—¿Por qué los enfermos mentales sufren tantas dificultades?
— Porque la enfermedad afecta múltiples parámetros de la vida emocional y social, con implicaciones en las relaciones interpersonales, incluyendo las relaciones de pareja y las relaciones sexuales. Puede afectar a esferas distintas referidas al desempeño de roles sociales o a la capacidad para el trabajo, para el ocio, para la formación laboral y desde luego puede afectar muy seriamente a la capacidad para el mantenimiento de la autonomía económica. Que estos enfermos salgan a la comunidad es uno de los desafíos más difíciles para los profesionales de salud mental. El trabajo comunitario requiere una integración más compleja que las consultas en un despacho de un centro de salud mental. Los enfermos lo viven muy mal porque sienten que la sociedad les rechaza..
— Y además las enfermedades mentales son muy desconocidas para mucha gente.
— Son enfermedades invisibles y con un gran desinformación. La enfermedad mental es una alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, considerado como anormal con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Se encuentra alterado el razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad o de adaptarse a las condiciones de la vida.
—¿Los enfermos son conscientes?
— Su inteligencia no está afectada ni deteriorada, pero un tanto por ciento elevado no tienen conciencia de enfermedad y abandonan la medicación. Hay que ayudarles a resolver el duelo por las oportunidades perdidas, aumentar su autoestima y autoconfianza, a tener menos miedo y a tener esperanza de una vida mejor.
-¿Cómo lo llevan las familias?
— Las familias son las cuidadoras no profesionales que sufren una gran carga y, con el tiempo, un desgaste físico y psicológico debido a la atención que prestan a su familiar enfermo las 24 horas del día. Además, las necesidades de estas familias no son atendidas y la Administración no les ofrece suficientes recursos.
—¿La dolencia mental más común?
— De acuerdo con la OMS, cinco de las 10 primeras causas de discapacidad crónica en el mundo son trastornos mentales (depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, abuso de alcohol y trastorno obsesivo compulsivo). Un 1% de la población padece de esquizofrenia.
—¿Qué papel juegan las asociaciones de familiares como Ressorgir?
—Las asociaciones nacen de la necesidad de las familias de reunirse para obtener unos servicios que no ofrece el sistema público, en cuyos centros de salud mental se da medicación, pero no se ofrecen talleres para los enfermos ni asesoramiento a las familias. Nosotros tenemos talleres rehabilitadores, como el de informática, y organizamos salidas para los pacientes con monitores, entre otras muchas actividades.
—La crisis les debe afectar...
—Mucho. Sobre todo en las subvenciones, que disminuyen. Y los pagos se retrasan. Con la fusión de las cajas de ahorro, por ejemplo, disminuyen las obras sociales y sus ayudas. Hemos salido perdiendo. Pero en Ressorgir sólo cobro yo. Todo lo demás funciona con la gran ayuda de 15 voluntarios.
—¿Qué le aporta un enfermo mental a una terapeuta como usted?
—Aprendes de ellos cada día. Y también piensas lo afortunados que somos y que a veces no apreciamos cuánto tenemos. Aquí hay un chico esquizofrénico cuyos padres han muerto. Ahora vive solo y lucha cada día. Me da una lección y me hace relativizar mis problemas.