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La casa del tablero

Dos emprendedores importan un juego de escapismo de Hungría que se desarrolla en una vivienda simulada. Equipos de dos a cinco participantes deben resolver enigmas para salir

ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Miércoles, 2 de enero del 2013

Los importadores 8Quim Clavell y Gergely Matravolgyi, en la primera habitación del juego.

Una hora. Y decenas de interrogantes por resolver. Solo si se solucionan se llega a la salida. Parece un juego de mesa, pero los participantes no mueven ficha sobre un tablero, sino que tienen que recorrer una vivienda casi real, con sus diferentes habitaciones. El equipo, de hasta cinco jugadores, suma energías pero con el estrés añadido de la cuenta atrás. Esta es la atrevida y original propuesta de los emprendedores Quim Clavell, propietario de un videoclub, y Gergely Matravolgyi, un informático húngaro.

Trabajo en equipo

Los dos han habilitado un local de Sants (Rei Martí, 33), en el que desde el pasado septiembre decenas de personas han vivido la intensa experiencia de ser parte de un juego de intuición, inteligencia y sobre todo, trabajo en equipo.

«Yo jugué con unos amigos en Hungría, donde ya existen varios locales de Parapark. Cuando acabamos la partida estuvimos 50 minutos hablando sin parar, comentándola. Coincidimos en que había sido la mejor experiencia de nuestra vida», explica Matravolgyi, quien atribuye el éxito del formato al creador del juego, Attila Gyorkovics, inspirado en el libro Fluir, una psicología de la felicidad.

Matravolgyi y Clavell piden que no se desvele nada del juego, ya que el factor sorpresa es fundamental. «Ya han pasado por aquí 250 grupos y ni una sola persona ha dicho que no se lo haya pasado bien, y todos nos piden una nueva versión», explica Clavell, quien confiesa que no han anunciado el juego más allá de la web parapark.es. «Lo que más funciona es el boca-oreja y también las recomendaciones que hizo Berto Romero después de probarlo», añade.

Para participar en la partida hay que formar un equipo de dos a cinco personas, de cualquier edad (los menores de 16, acompañados). No hay sustos, pero se puede generar un cierto estrés. Y no gana el más listo, ni el más joven. «Yo soy muy inteligente -dice Matravolgyi- y cuando jugué en Hungría la que menos había estudiado de nuestro equipo era la que más avanzaba. En grupo todos suman. Es trabajo en equipo al cien por cien».

«Ha sido una experiencia genial y muy excitante. La recomendamos sin duda», escribieron Lorena, Nieves, Irene y María en el libro que se entrega al final del juego. «Queremos vivir otro lost en vivo. Gran experiencia y genial equipazo», afirmó Agustí. «Es como vivir una película de intriga, genial para ver cómo se comporta un grupo y comprobar que el equipo siempre supera al individuo», reflexionó Eduard. Y hasta ahí se puede contar. Bueno, la partida cuesta 41 euros por equipo.

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