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El acceso a la universidad | La prueba

Selectividad sin precios

Los estudiantes aún no saben cuánto pagarán para ingresar en la universidad

Unos 30.000 jóvenes inician el martes un maratón de tres días de exámenes

Domingo, 10 de junio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
   MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / Barcelona

A tan solo dos días para la gran cita, los nervios, el insomnio, la sensación de haberse quedado en blanco aumentan cada hora que pasa. Los aproximadamente 30.000 jóvenes catalanes que este martes inician el maratón de tres días de exámenes de Selectividad (casi los mismos alumnos que el año pasado, según la secretaría general de Universitats) han pisado estas últimas semanas el acelerador para preparar unas pruebas que, dicen, determinarán su futuro. Lo hacen sin saber aún qué pasará el próximo julio, cuando vayan a matricularse en la universidad, porque el Ministerio de Educación aún no ha concretado, casi dos meses después de haberlo anunciado, cuánto subirán las tasas universitarias. El tope, eso sí lo ha dicho, será nada más y menos que de un 66% respecto al 2011.

DANZA 3 Ada González sigue con su agenda habitual y no interrumpe estos días sus clases de ballet. XAVI GONZÁLEZ / RICARD CUGAT / JOSEP GARCIA / JULIO CARBÓ / JAVIER CARBAJAL

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DANZA 3 Ada González sigue con su agenda habitual y no interrumpe estos días sus clases de ballet.
NOVIOS 3 Sergi Martín y Laura Bolbú repasan juntos los apuntes de física en Vilassar de Dalt.
DANZA 3 Ada González sigue con su agenda habitual y no interrumpe estos días sus clases de ballet.
SIN AGOBIOS 3 Guillem Sala, en su casa, delante del ordenador, el pasado viernes.
EN CASA 3 Júlia Baquero prefiere estudiar en su cuarto, para no perder la concentración.
CLASE DE REPASO 3 El profesor Joan Montserrat y su alumna Laura Espejo, en Santa Coloma de Cervelló.

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Información publicada en la página 38 de la sección de cv Sociedad de la edición impresa del día 10 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

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A los chicos que ahora se examinan de la selectividad, la medida les pilla de pleno; también tendrán que rascarse el bolsillo si finalmente descartan la universidad y optan por un ciclo formativo de grado superior. En este caso pagarán una tasa de 360 euros de nueva creación.

PADRES PREOCUPADOS / «Más que los chicos, los que están preocupados este año son los padres, claro», explica Joan Montserrat, licenciado en Ciencias y profesor por cuenta propia desde hace más de dos décadas. El docente, que estos días no para de recibir alumnos en su casa, ha constatado que los progenitores preguntan con más inquietud que en convocatorias anteriores qué posibilidades tienen los chavales de sacar adelante las carreras que han escogido. Para las familias más acuciadas por la crisis, el dinero de una matrícula supone un esfuerzo importante. «Muchos quieren saber si sus hijos están en condiciones de sacárselo a la primera, porque saben que las segundas matrículas son aún más caras», cuenta Montserrat.

Sergi Martín y Guillem Sala aspiran a ser ingenieros. Ninguno de ellos tiene problemas de financiación, pero los dos conocen gente que sopesa no ir a la universidad por razones económicas. «No es algo generalizado, pero sí, algún caso hay», precisa Martín, que este fin de semana está dando el repaso final a las materias más complicadas. Le echa una mano su novia Laura, que ha terminado el bachillerato con matrícula. «Esta última semana me he concentrado al cien por ciento y casi no nos hemos visto. He dejado de ir al gimnasio, no he salido ni con mis amigos ni con ella... Ya tendré todo el verano para resarcirme», comenta el chico.

LA RECTA FINAL / «Lo de las tasas es, desde luego, un tema del que hablamos y que a algunos les preocupa mucho», corrobora el otro ingeniero en ciernes, Guillem Sala. Él es más partidario de tomarse esto de la Selectividad con calma. Ha elaborado incluso una teoría al respecto. «Uno se lo puede tomar de dos maneras: o practicando el celibato más absoluto, o bien continuando con la vida de siempre». Sala pertenece al segundo grupo, confiesa. Tiene una buena nota de bachillerato -un 7,5- y le basta con una ligera mejora en Selectividad para entrar en Industriales. «Sé que me la juego, pero no vale la pena ponerse nervioso», alega.

Otra que no renuncia a seguir estos días con su agenda habitual es Ada González. Estudiante brillante (su nota de bachillerato es de 8,15), su objetivo no es, al menos de momento, hacer carrera universitaria. No. Lo suyo es la danza y, aunque este martes se examinará de las pruebas de acceso «para completar esta etapa», su sueño es «ingresar en una compañía» como profesional. «Ni ansiedad, ni crisis nerviosas. Estoy estudiando cada día un rato en casa y, por la tarde, voy a ensayar», dice.

ECHAR EL RESTO / También Júlia Baquero prefiere estudiar en casa. Se concentra mejor, argumenta. Por la mañana, no obstante, acude a unas clases de repaso que dan en su instituto. Prácticamente todos los centros que imparten bachillerato en Catalunya lo hacen. «Practicamos con exámenes de otros años y así aprendemos la dinámica de las pruebas», explica Baquero. El 8,1 que figura en su cartilla de notas como media de bachillerato es casi suficiente para entrar en Periodismo. «Está todo tan mal que, ya puestos, quiero estudiar algo que me apasione», explica.

Además de las clases matinales en el instituto, Laura Espejo ha preferido reforzar algunas materias por la tarde con las clases particulares de Joan Montserrat. «Quiero estudiar Diseño y la nota para la Universitat de Barcelona es altísima, un 9,5. Por eso tengo que echar el resto y hacer la Selectividad lo mejor que pueda», explica. Por si las cosas no salen como tiene previsto, se ha presentado ya a las pruebas específicas para cursar esos mismos estudios en la prestigiosa Escola Llotja de Barcelona.

«Yo, en cambio, prefiero quedar con las amigas e ir cada día un rato a la biblioteca», esgrime Alicia Valls, que aspira a convertirse en directora y administradora de empresas. «Es que si me quedo en casa, son demasiadas las tentaciones: la televisión, el ordenador, el teléfono... ¡y la nevera!», se justifica. En el silencio de la biblioteca, las mates entran mejor, asegura.

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