Esta no es la primera crisis del sistema financiero español, ni será la última. Pero nunca antes había habido tanta atención mundial sobre nuestro sistema, mientras que las recetas tradicionales parecen insuficientes, al menos para que surtan efecto en el tiempo que nos conceden quienes nos juzgan.
Información publicada en la página 6 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En otras crisis se han ido digiriendo los ajustes poco a poco y el paso del tiempo y la recuperación económica han ayudado a sanear los balances dañados. Una crisis inmobiliaria como la actual se puede digerir de manera tradicional en unos diez años, pero tanto los famosos mercados como nuestros socios europeos no están por la labor de esperar tanto.
Es innegable que se ha hecho muchísimo en estos primeros cinco años de crisis. Ningún país ha acometido una consolidación sectorial como la española de los últimos dos años pero aún queda camino por recorrer. A pesar de las sucesivas y crecientes exigencias regulatorias que han ido acelerando el ritmo de los ajustes unas pocas entidades todavía presentan suficientes incógnitas como para que la sombra de la duda se extienda, de manera injusta, sobre la totalidad del sector, entre otras cosas porque al supervisor le cuesta demasiado señalar a quienes concentran los problemas.
Nos guste o no nos guste parece necesario un nuevo movimiento que al menos aleje a buitres y tiburones del mercado durante un buen tiempo toda vez que la reciente reforma financiera, muy dura, no les ha satisfecho como lo demuestra la evolución de la prima de riesgo y de las cotizaciones bursátiles de las acciones de los bancos.
El principal problema de nuestros bancos está centrado en la calidad del crédito promotor. Se ha saneado más o menos la mitad del total de la inversión, pero el vaso está medio vacío al permanecer la duda sobre el resto. Poco importa la calidad real de la deuda restante, para los analistas es mala aunque se demuestre lo contrario. Si se sube el listón de las provisiones, volverán a aprobar los de siempre y a medio suspender los que tienen el agua a la altura del cuello.... o a la nariz
La limpieza total pasaría por provisionar más aún o por vender por bloques estos activos a precios de mercado, es decir, de derribo. En uno u otro caso haría falta dinero que los que están bien, la mayoría, encontrarían a costa de sus resultados y los que están mal no encontrarían. Poco a poco llegamos a la gran pregunta: ¿quién pondrá el dinero que falta? De momento, el BCE no ha pasado de las buenas palabras y no parece claro que se pueda hacer a costa de más déficit.
Llevamos muchos meses donde los justos pagan por los -cada vez menos- pecadores. El café para todos es injusto y la caída de valor en bolsa y de ratings de entidades saneadas no debe seguir. El sistema como tal podría seguir ajustándose a fuego más o menos lento, pero los riesgos a los que se le somete son excesivos, desde el encarecimiento de su financiación a OPAs no amistosas pues ya es un chollo comprar en la bolsa española. Es tiempo de actuar, aunque sea a costa de señalar con el dedo a los pocos sobre los que la sombra de la duda es ya insoportable.