El ministro de Economía, Luis de Guindos, pecó de prudencia o no quiso ser alarmista cuando cifró hace unos días en 50.000 millones de euros el saneamiento extraordinario que ultima en los activos inmobiliarios del sistema financiero. Eso es, al menos, de lo que está convencido el sector. Según distintas fuentes, el proceso costará más que esa cifra. Incluso podría superar los 60.000 millones, calculan algunas entidades.
Información publicada en la página 22 de la sección de Economía de la edición impresa del día 16 de enero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Son cantidades contundentes, pero lo más importante es la capacidad que tendrá cada banco y caja de afrontar el saneamiento que le toque en suerte en función de su situación. Una proyección de uno de los agentes del mercado apunta a que apenas seis de las principales entidades tienen el capital y la generación de resultados suficiente para limpiar su balance en un solo año sin problemas serios.
El Gobierno se plantea obligar a la banca a bajar sus activos inmobiliarios hasta el precio de mercado y a elevar las provisiones (la hucha que tiene para afrontar las pérdidas que les causan estos activos) hasta que supongan el 50% del valor de los mismos, desde el aproximadamente 30% actual. Si se toman los datos del primer semestre del año pasado, Santander (4.558 millones de euros de saneamiento), BBVA (2.826), Unicaja (135), Kutxa (116), Bankinter (332) y CaixaBank (2.604) son las mejor situadas para llevarlo a cabo.
El margen neto de estas entidades (los ingresos que obtienen de su negocio menos los gastos, antes de dotar las provisiones y pagar impuestos) es mayor que los fondos que tendrían que destinar a elevar su cobertura hasta el 50%. De esta manera, su beneficio se reduciría seriamente pero no entrarían en números rojos y no verían amenazado su nivel de solvencia (cuando las ganancias se agotan, el saneamiento se realiza con cargo al capital).
EN PÉRDIDAS / Pero son escasos los bancos en esta situación envidiable. «Hay pocas entidades capaces de aguantar si hacen el saneamiento en un año. El resto entraría en pérdidas», explica un alto ejecutivo de una de las mejor situadas. La prueba de estrés sobre los datos inmobiliarios del cierre de junio apuntan a que el proceso sería prácticamente insuperable para Nova Caixa Galicia (1.940 millones), Catalunya Caixa (2.571), Unnim (1.000) y BMN (1.940), según su capital y beneficio.
Un tercer grupo de entidades se encuentran en una situación intermedia. Es el caso del Popular (3.967 millones de euros), Ibercaja (912), Caja 3 (425), BFA-Bankia (5.177) y, en menor medida, del Sabadell (1.811) y Liberbank (1.362). Estas dos instituciones tienen la ventaja de contar con esquemas de protección de activos (EPA), por los que el Fondo de Garantía de Depósitos asume parte de las pérdidas que surjan en la CAM y CCM, las dos cajas intervenidas que se quedaron, respectivamente.
FACILIDADES / Así las cosas, van a resultar clave las condiciones que el Gobierno fije para el saneamiento. De Guindos ya adelantó hace unos días en el Financial Times que «podría no ser realizado en un año sino en varios» y que la mayoría de las entidades podrá afrontarlo «con sus beneficios». Es decir, que se van a dar facilidades a bancos que afrontan un reto comprometedor como Bankia, presidida por Rodrigo Rato, vicepresidente económico del anterior Gobierno del PP.
En el sector, con todo, se espera que el Ejecutivo no sea demasiado indulgente. «Quizá sería razonable dar dos o tres años para elevar la cobertura a las entidades sólidas, pero lo que no tendría sentido es dar ese plazo a entidades no viables, como Catalunya Caixa y Nova Caixa Galicia, que no van a lograr generar los recursos ni captar el capital necesario para afrontar el saneamiento», argumenta un directivo bancario. «De dónde ponga la raya el Gobierno, dependerá que el proceso sirva realmente para culminar la reestructuración», advierte.
Las condiciones que fije el Ministerio de Economía también son cruciales para que el Ejecutivo cumpla su promesa de no dar más dinero público a la banca. De hecho, el departamento tiene decidido que las entidades que no puedan realizar el saneamiento por sí mismas se fusionen con otras instituciones en mejor posición.
LÍDERES / La prueba de estrés es una aproximación, no da el saneamiento definitivo que deberá afrontar cada entidad (la situación de sus activos inmobiliarios ha evolucionado desde junio y cada una los tiene contabilizados de forma distinta) ni de su capacidad total para afrontarlo (no se incluye, por ejemplo, la posible venta de activos para lograr los recursos). Pero sí da una imagen certera sobre la fortaleza del balance de cada entidad.
De cara a la inminente nueva ronda de fusiones, también sirve para hacerse una idea de qué entidades serán las líderes del proceso y cuáles tienen más opciones de convertirse en las piezas de caza más cotizadas.