En un año, de una fina capa de agua del mar, si se deja quieta, sin olas, queda tan solo sal húmeda. Pero para que ello suceda es necesaria la intervención del sol a máxima potencia y que escasee la lluvia. Y así, el líquido azul marino se va convirtiendo en millones de cristales que, compactados, forman una capa blanca, o mejor, rosácea. Es el color delicado que cubre el suelo plano y cuadriculado de las salinas de la Trinitat (Sant Carles de la Ràpita). En este espacio mágico, donde el sol del verano rebota hasta quemar en los ojos y los labios se salan solos, se quebró ayer el sosiego que durante meses envuelve el proceso pausado e histórico de creación de la sal. Decenas de tractores, máquinas recolectoras, motoniveladoras, palas y giratorias irrumpieron ayer en la punta de la Banya, en el delta del Ebro, para llevar a cabo durante 20 días la salinada, como denominan los lugareños a la recolección de un mineral que da gusto a todos los platos y, desde hace siglos, conserva sus alimentos.
Información publicada en la página 19 de la sección de Economía de la edición impresa del día 21 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Los usos de la sal son muchos: sirve para el tratamiento de las aguas, para preparar las carreteras ante nevadas, para la industria química o farmacéutica, o para la alimentación», explicaba ayer Joan Sucarrats, gerente de Infosa, la empresa que explota las salinas.
Infosa destina el 90% de la producción que sale de la punta de la Banya a la industria, y solo el 10% restante a la alimentación. Este año la producción batirá todos los récords y alcanzará, si se cumplen las previsiones, las 106.000 toneladas, lejos de las 86.000 toneladas del año pasado y del récord histórico (94.000). Los responsables de las salinas calculan su producción realizando una cata en medio de uno de los cristalizadores, donde la sal ya parece una costra seca y dura, aunque sigue húmeda bajo la primera capa soleada.
«Estamos en una campaña récord, básicamente debido a la falta de lluvias, ya que hemos tenido un invierno muy seco, algo que, mientras es desastroso para las bosques o la agricultura, para nosotros es perfecto», reconoce Sucarrats. Una pequeña parte de la producción, apenas 24 toneladas, serán de «flor de sal», el producto gurmet de las salinas, la sal más preciada y refinada.
El grueso empezó a ser recolectado ayer por un ejército de maquinaria que, irrumpiendo en los cuadros vírgenes, iba desencrustando la sal para someterla al proceso de secado final, antes de ser tratada y etiquetada rumbo a cualquier parte del mundo. Documentadas desde el siglo XVIII, las salinas de la Trinitat son las únicas que quedan en el delta del Ebro.