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EFECTOS DEL DESPLOME DEL CRUDO

Rusia se vuelca en evitar una crisis como la de 1998 por la caída del petróleo

El Gobierno admité que habrá otro año de recesión y rehace el presupuesto para adaptarlo a la "nueva realidad"

Las autoridades recortan los gastos del estado en un 10% pero los economistas reclaman también medidas de estímulo

Rusia se vuelca en evitar una crisis como la de 1998 por la caída del petróleo

REUTERS / SERGEI KARPUKHIN

Una mujer, ante un panel que muestra el cambio del rublo ante el euro y el dólar, en Moscú.

MARC MARGINEDAS / MOSCU

Sábado, 16 de enero del 2016 - 21:12 CET

Sucedió el 17 de agosto de 1998, hace ya 17 años. El Gobierno ruso, presidido por un enfermizo Borís Yeltsin y encabezado por Serguéi Kiriyenko, uno de los llamados ‘jóvenes reformistas’, de tan solo 35 años, anunciaba la devaluación del rublo después de haberse gastado, en los meses previos, la friolera de 27.000 millones de dólares intentando mantener artificialmente el tipo de cambio de la divisa local. Rusia, cuya economía ya se había contraído un 40% tras la disolución de la URSS, siete años antes, entraba en suspensión de pagos, liberando una devastadora onda expansiva que la ciudadanía sintió de inmediato.

De la noche a la mañana, los cajeros automáticos dejaron de suministrar efectivo, numerosos bancos quebraron, sin que nadie se hiciera responsable de los fondos depositados; en los casos en que la entidad lograba mantenerse en pie, los ahorros de toda una vida de millones de ciudadanos, denominados en dólares, se fundían irremisiblemente, devorados por la galopante inflación desatada tras la devaluación y después de ser transformados por decreto en rublos. Los precios de los artículos de primera necesidad subían en cuestión de horas; comercios y grandes almacenes se veían obligados a modificar las etiquetas de los precios varias veces al día.

UN FANTASMA BIEN PRESENTE

El fantasma de la catastrófica crisis financiera de 1998, que sepultó la fe de millones de rusos en la economía de mercado, ha recorrido los espíritus y las mentes de ciudadanos y ministros después de que, a principios de semana, el tipo de cambio de la moneda local traspasara la barrera psicológica de los 75 rublos por dólar, empujado por los bajos precios del petróleo. No en vano, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluánov, durante su intervención esta semana en el Foro Económico Gaidar, recurrió a la poderosa imagen de las colas ante los bancos de entonces para convencer a sus conciudadanos de la necesidad de implementar dolorosos recortes presupuestarios. “Nuestra obligación es adaptar nuestro presupuesto a las nuevas realidades; si no lo hacemos, veremos una repetición de la situación del 98-99”, declaró. Aleksándr Odintsov, médico de profesión, de 58 años, explica a EL PERIÓDICO cómo atiende a pacientes cada vez más preocupados de que se repita un escenario como el de aquellos años: “La gente teme que se repita lo que vivimos entonces; nadie piensa que las cosas vayan a mejorar”.

La merma en los ingresos de las compañías de hidrocarburos, cuyos impuestos constituyen entre el 40% y el 50% de las entradas de dinero en las arcas públicas rusas, ha obligado a recalcular las previsiones macroeconómicas para este año, en el que las autoridades habían previsto un ligero repunte del crecimiento, tras la importante caída del PIB del 2015, en torno al 3,8%. Las nuevas cifras que manejan los funcionarios del Ministerio de Finanzas para este año, filtradas por el rotativo económico Védomosti, admiten ya una contracción del PIB del 0,8%. Con el objetivo de impedir que el déficit se dispare y ahorrar 500.000 millones de rublos (unos 5.900 millones de euros), el Ministerio de Finanzas ha requerido a todos los ministerios y departamentos gubernamentales que reduzcan sus gastos no esenciales en un 10%, excluyendo los salarios y las pensiones. Por su parte, el viceministro de Finanzas, Oleg Fomichev, anunció recortes en todos los programas financiados por el Estado.

Después de vivir más de una década de bonanza por los altos precios del crudo, en esta Rusia zarandeada por la crisis económica se ha abierto un debate similar al que tuvo lugar en España durante los años más duros de la crisis, entre quienes defienden la política de recortes y quienes reclaman al Gobierno medidas de estímulo. En una conversación telefónica, Dmitri Kuvalin, director del Instituto de Previsión Macroeconómica, pide a las autoridades que en lugar de limitarse a recortar y a esperar que se recupere el precio del petróleo, “intervengan” con políticas expansivas para reanimar la actividad económica. Cree que de esta manera, sería posible evitar la nueva recesión que aguarda a Rusia en este ejercicio que acaba de comenzar.

Las condiciones de vida se deterioran de forma acelerada

Como muchos ciudadanos rusos, Tatiana Trifonova sabe que vienen tiempos de apretarse el cinturón, aunque en su caso no sabe dónde va a poder recortar gastos. Con una pensión de 9.150 rublos (poco más de 100 dólares) que no deja de perder valor debido a la inflación, esta jubilada y viuda que trabajó durante 20 años en la televisón, confiesa que no podría sobrevivir si no fuera por la ayuda que recibe de su hija. “Solo por el apartamento pago 5.000 rublos al mes; ¡como voy a poder comer si los precios no dejan de subir, si ya cuatro pepinos cuestan 400 rublos!”, se lamenta.

          La crisis causada por la devaluación y las sanciones, que hasta ahora era sentida por los sectores más expuestos de la sociedad, es decir, pensionistas y jubilados, está ya mermando las condiciones de vida de las clases medias urbanas, las principales beneficiadas por el crecimiento económico experimentado desde la llegada de Vladímir Putin al poder en el 2000. Aleksándr Odintsov, médico de profesión, asegura que el salario medio en su profesión, que se considera cualificada, es de “unos 50.000 rublos”, una cantidad que antes de la crisis equivalía a unos 1.100 euros y ahora se ha dividido casi por la mitad, con una inflación que ronda el 15% anual.

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