El día en el que Mariano Rajoy anunció el mayor recorte de las últimas décadas, con un ajuste de 65.000 millones de euros y subidas del IVA, bajadas del subsidio de desempleo y eliminación de pagas a los funcionarios, Alfredo Pérez Rubalcaba optó por no hacer demasiada sangre. En la intervención inicial (la más relevante, pues en la réplica tuvo cinco minutos), el líder del PSOE pasó casi de puntillas por el tijeretazo, dejándolo para el tramo final de su discurso. En su lugar, se centró en hacer balance de la acción del Gobierno, casi como si el de ayer fuera ese debate sobre el estado de la nación que el presidente se niega a celebrar. Y acabó con una nueva oferta de pacto: «Podemos seguir con recortes y rectificaciones. O podemos llegar a un acuerdo nacional para los próximos dos años y medio».
Alfredo Pérez Rubalcaba, durante su primera intervención en el pleno del Congreso de los Diputados de ayer. JUAN MANUEL PRATS
Información publicada en la página 8 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Aquello no sentó bien en una parte importante de su grupo parlamentario. Incluso fueron críticos algunos de los que le apoyaron, frente a Carme Chacón, en la carrera por el liderazgo del partido. Los colaboradores más cercanos de Rubalcaba señalaron después que este quiso abrir el foco, sin centrarse únicamente en los recortes, porque son «escasísimos» los debates parlamentarios con Rajoy. «Había que discutir de Europa y de la crisis financiera porque hasta ahora casi no se había discutido de eso en la Cámara», señalaron en la dirección del PSOE. Pero en la bancada socialista cundió el desconcierto y la preocupación. Fueron muchos quienes consideraron que Rubalcaba había sido demasiado «responsable» y «tibio» ante un Gobierno que desguaza el Estado social como ninguno hasta ahora. Sobre todo porque el PSOE sigue sin despegar en las encuestas y continúa el trasvase de votos hacia IU y UPD, partidos que en sus respectivos turnos no dudaron en atacar desde el principio a Rajoy por los ajustes.
Tras su primera intervención, algunos diputados le pidieron al líder que fuese más contundente en la réplica. Y entonces, durante esos escasos cinco minutos, Rubalcaba aumentó el tono, pero tampoco en exceso, fiel a su oposición «responsa-
ble». Tachó el aumento impositivo de «injusto» y presentó como alternativa un tributo a las grandes fortunas; sostuvo que Rajoy estaba «insultando» a los parados con su tesis de que bajar el subsidio incentivaría la búsqueda de empleo y le acusó de buscar culpables en todas partes. Esta vez, los nuevos chivos expiatorios, explicó Rubalcaba, son «los desempleados, los funcionarios y los concejales de municipios pequeños».
DIFERENCIAS Y SEMAJANZAS / Al líder del PSOE le sigue pesando mucho la anterior legislatura. De hecho, reconoció que entre este ajuste y el de mayo del 2010 había «similitudes». Pero también importantes diferencias. Por un lado, la actitud de la oposición: el PP buscó entonces que se desplomara el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, mientras que ahora el PSOE presenta alternativas y tiene voluntad de acuerdo. Por otro, la manera en la que el partido que apoya al Gobierno encaja las impopulares medidas que este toma: si los socialistas reaccionaron con gravedad, los populares, continuó Rubalcaba, jalearon y aplaudieron ayer cada anuncio de unos recortes que, según el jefe de la oposición, castigan a los más débiles y son producto de la «nefasta» gestión de Rajoy.
«Ha sido un discurso duro en el fondo aunque sin perder las formas, la responsabilidad y el sentido de Estado del PSOE, que nunca querrá la caída de España como pretendió el PP», sostuvieron al final fuentes de la cúpula socialista.