El hasta ahora gobernador del Banco de España no deja indiferente a casi nadie. Ni en las filas populares ni en la filas de sus correligionarios del PSOE. Este funcionario del Cuerpo de Economistas del Estado nació en Madrid en 1945. Hermano de Paco Fernández Ordóñez, otro heterodoxo del socialismo, fue secretario de Estado de Economía en los primeros gobiernos de Felipe González a las órdenes de Miguel Boyer. Desde entonces ha estado en casi todas las salsas siempre como férreo defensor del Estado en su versión más centralista y liberal, siempre manteniendo que Madrid tenía que tener la última palabra y siempre paradójico hasta el punto de sostener que las comunidades autónomas no deberían intervenir en los horarios comerciales, que debían ser regulados por el Gobierno central. Así era Miguel Ángel Fernández Ordóñez para ser fiel a MAFO, el personaje que le representaba en los periódicos.
Información publicada en la página 22 de la sección de Economía de la edición impresa del día 30 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Durante el felipismo pasó todavía por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y aterrizó en el Tribunal de Defensa de la Competencia y en la Comisión Nacional de Energía desde donde amargó la vida a sus compañeros socialistas (Solchaga y Solbes) impulsando medidas liberalizadoras y oponiéndose a la compensación a las eléctricas por la transición a la competencia. Así se ganó la simpatía de una parte del PP.
Capeó la llegada del aznarismo en el grupo Prisa, del que fue asesor y en el que coleccionó tribunas de opinión en prensa, radio y televisión. Esos años fue más MAFO que nunca pontificando contra la revolución del vicepresidente Rato, la otra víctima de Bankia hasta el día de hoy.
La popularidad mediática le permitió regresar al Gobierno con el presidente Zapatero a pesar de no haber formado parte de la corriente renovadora. Fue secretario de Estado de Hacienda, desde donde combatió cualquier tentación federalizante en la negociación del Estatut, actitud que le aseguró el visto bueno del PP para volver a ejercer el oficio que más le gusta: regulador. En 2006 fue nombrado gobernador del Banco de España. La crisis económica no era entonces ni tan siquiera una hipótesis a contemplar, pero MAFO ya tenía en su cartera las recetas que exhibiría como un mantra en los meses siguientes a medida que los números de Zapatero se descuadraban: unidad de mercado, reforma laboral, recorte salarial y eliminación de las cajas. Lo repetía mañana, tarde y noche, tanto si el Gobierno se lo preguntaba como si a Zapatero no le convenía. De manera que MAFO se convirtió en uno de los iconos de la prensa próxima al PP, la misma que ahora ha pedido su cabeza para cargarle el muerto de Bankia mientras Rato despista.
Fernández Ordóñez tenía la mala costumbre de opinar sobre los asuntos que le pertocaban y sobre los que no tenía atribuciones. Era su vocación de regulador que en realidad escondía su alma de tecnócrata y su espíritu jacobino. La economía tenía que ser cosa de los altos funcionarios del Estado, un turno del PP y otro del PSOE. Pero siempre por encima de la lógica simplista de los partidos y, sobre todo, de los palurdos de provincias que no han visto mundo. Ese era el personaje MAFO, encantador mientras no se ocupaba de lo suyo. Con las cajas hizo lo que quiso: sacarlas del yugo de las autonomías y convertirlas en bancos. En el tránsito se le pasó por alto recapitalizarlas y pactó con el diablo del PP. Ayer, el personaje MAFO estalló en las narices de don Miguel Ángel.