Un salón abarrotado de estudiantes, periodistas y académicos aguardaba ayer, en la London School of Economics a Luis de Guindos. Una audiencia muy diferente a la de los inversores internacionales y gentes de la City, con la que se había reunido por la mañana, encuentros de los que su séquito no quiso hablar. El ministro llegó al centro docente en medio de grandes medidas de seguridad. Los chequeos en la entrada eran casi peores que los del aeropuerto de Heathrow. Las colas también. Quizá el ministro sospechaba que le iban a dar caña y algo de caña le dieron.
Varias personas interrumpen la conferencia pronunciada por el ministro español de Economía, Luis de Guindos, en la LSE de Londres EFE/FACUNDO ARRIZABALAGA
Información publicada en la página 24 de la sección de Economía de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Guindos comenzó la conferencia-exponiendo las causas de la crisis en España, las consecuencias, en el empleo y en el sistema financiero. También explicó las medidas que ha ido adoptando el gobierno en los nueve meses que lleva en ejercicio. «Estamos exigiendo a los españoles un sacrificio duro», reconoció.
Ya en el turno de preguntas y repuestas, se escucharon risas burlonas, cuando aseguró que, «España no necesita un rescate en absoluto». «Lo que tenemos es una propuesta del Banco Central Europeo para la intervención en el mercado secundario con ciertas condiciones», aclaró. A una pregunta sobre la posible influencia en la decisión de pedir el rescate de las próximas elecciones en Catalunya y en otras autonomías, respondió que, «ningunas elecciones regionales», harán variar el programa que se ha trazado el gobierno español para solventar la crisis.
Como era más que previsible, los gritos airados de un pequeño grupo de estudiantes españoles interrumpieron la discusión. Exhibiendo una pancarta que decía, Spain for sale (España en venta), una joven recriminó al ministro el que estén siendo los ciudadanos y el sector público el que cargue con la peor parte de la crisis. «Mi abuela no puede pagar las medicinas». «La gente pasa hambre», le soltó otra joven. La moderadora les llamó al orden, pero no les expulsó. El ministro se declaró dispuesto a escucharles y dijo ser un hombre de «mente abierta». Según fuentes del ministerio estuvo esperando al grupo, para hablar con ellos, durante veinte minutos, una vez terminado el acto. Si hubiera salido a la calle se los habría encontrado, manifestándose, de nuevo con la pancarta, junto la fachada del edificio.