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Análisis

El presidente que no amaba a los votantes

Sábado, 4 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Antón Losada Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela

Mariano Rajoy ha vuelto a ofrecernos otro remake de la misma comparecencia que repite desde que ocupó la Moncloa. No podemos gastar lo que no tenemos, hemos vivido del crédito, sé lo que estoy haciendo y otra vez esos famosos cinco puntos que repite con la devoción del opositor. En Presidencia acabarán regalando camisetas con las ideas fuerza a los hombres de negro. Del recorte de 100.000 millones de euros, ni palabra. Si quedaba alguna duda sobre si el presidente ha perdido la conexión con la calle, como apuntan las encuestas, ha quedado patente que navega rumbo a Marte.

Merkel y Hollande el 8 de julio pasado. EFE / JACKY NAEGELEN

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Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

A Rajoy se le empieza a notar que no entiende que desaprobemos cuanto está haciendo. Por eso nos imparte cuando puede su clase de macroeconomía para principiantes, contada como si se tratara de un episodio de Barrio Sésamo. A ver si así entendemos lo bien que va todo para lo mal que estaba. Por si acaso tanta pedagogía falla, siempre reserva para el final la madre de todos los argumentos del marianismo: esto es así, hay que hacerlo, si o si. La culpa es nuestra por no asumirlo de una vez.

Al presidente también se le aprecia desconcertado con sus colegas de Europa. Él lo tiene tan claro que le cuesta comprender que los demás no se enteren. Por eso siempre les exige que se aclaren. En el discurso del Gobierno español los europeos siempre tienen sus deberes por hacer. Mario Dragui y el BCE no se mojan; Angela Merkel no nos ayuda como debe; François Hollande no la presiona como debería y Mario Monti defiende regular nuestros intereses. Cada vez que nuestro presidente comparece en Madrid, hacemos amigos por todo el continente.

A Rajoy se le ve sorprendido por nuestras dudas sobre si sabe lo que hace o va improvisando ocurrencias. Se desdice con tanta contundencia que debería bastarnos. Por eso nos repite que sabe a dónde va y qué debe hacer. Parece una terapia. Para creerlo él y para que lo creamos nosotros.

Le incomoda que le formulen esas preguntas sencillas que se hace la gente normal, que no sabe, que no entiende. El líder conoce el camino. Por eso el presidente que sabe a dónde va y tan bien entiende el sufrimiento que padece el votante medio, interrogado sobre si prorrogará o no la ayuda de 400 euros para los parados que hayan agotado el subsidio de desempleo, contesta que aún no han hablado de eso en el Consejo de Ministros. Sin duda, el mensaje alentador y humano que aguardaban los desempleados que ven como el subsidio va a expirar y el Gobierno pasa palabra.

Si vas a comparecer para decir nada, al menos entretenlos con algún chascarrillo simpático. Mariano Rajoy ya ni respeta la regla de oro que ha guiado su carrera. Lo peor de todo reside en la certeza de que si mañana tuviera que salir a decirnos todo lo contrario, lo haría. Y también sería la única opción posible. Y la culpa volvería a ser nuestra por no saber reconocerlo.

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