José Antonio Bueno
Es muy difícil ser optimista tras un viernes que solo puede calificarse de caótico cuando debería haber sido el día que confirmase que los sacrificios que se nos exigen a todos los ciudadanos sirven para algo, cerrando la peligrosísima espiral en la que entramos a principios de mayo.
Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 21 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No debemos olvidar que Europa ha dicho sí al préstamo para sanear los bancos que lo necesitan, por lo que ese capítulo está encarrilado y, además, el Gobierno ha logrado flexibilizar el plan de reducción del déficit público con lo cual ahora sí que hay un horizonte razonablemente creíble. Sin embargo, la combinación del nuevo cuadro macroeconómico que reconoce nuevas caídas del PIB en el 2013, el techo del gasto que, sorprendentemente, recoge un aumento de casi el 10% sobre el 2012 y la solicitud de rescate de la Comunidad de Valencia no solo neutralizaron los aspectos positivos del día de ayer sino que desbocaron la especulación sobre la deuda y el Ibex, con la prima por encima de 600 y la bolsa cayendo como no ocurría desde el comienzo de la tragedia griega hace dos años. Y aunque los dos primeros elementos había que comunicarlos tras el Consejo de Ministros, la petición de ayuda de la Comunidad de Valencia podría haber esperado al cierre de los mercados para tener tiempo de explicarla muy bien durante todo el fin de semana.
Los mercados no están para tonterías. Ante la duda, el dinero huye en un proceso realimentado por los especuladores que sacan tajada de todo lo que se mueve, como demuestra la enorme volatilidad de la cotización de las dos entidades cotizadas nacionalizadas, Bankia y Banco de Valencia. Si alguien compró ayer acciones en el pico de cotización intradía de Bankia (0,786 euros) y tuvo la mala suerte de vender en el valle (0,6 euros) habrá perdido en siete horas cerca del 25% de su inversión. Pero es que a lo largo de esta semana también se han podido ganar cifras similares en cuestión de horas… simplemente de locos.
El muy poco volumen de transacciones propio del periodo vacacional unido al foco que tienen los especuladores sobre España conforman un cóctel peligrosísimo. Ojalá pudiésemos tirar por la ventana primas de riesgo e indicadores y dedicarnos a la economía real. Lo malo es que al paso que vamos nuestras íntimas amigas, las casas de rating, pueden volver a bajar la calificación de la deuda española y si entramos en la categoría de bono basura (y estamos solo a un escalón en Moody's y a dos en Standard & Poor's) no nos salva nadie del rescate total.
Si la semana que viene no interviene decididamente el Banco Central Europeo (BCE) o cualquier otro mecanismo europeo sobre el mercado secundario de deuda o si se materializa la bajada de rating del bono soberano no podremos evitar el rescate total en agosto, lo que traerá más recortes, más recesión y más frustración. Es tan evidente que la inacción de nuestros «socios» europeos parece que se deba a que desean la intervención. Lo peor es que es difícil entender qué ganan porque no hay que olvidar que el PIB español es más del doble del de todas las economías intervenidas hasta la fecha, y que tras nosotros iría Italia.