Contemplar, en la zona de recogida de equipajes del aeropuerto, cómo algunas maletas dan vueltas y vueltas en la cinta transportadora sin que nadie las recoja tiene sus semejanzas con los datos de morosidad de un banco. De hecho, la calidad de servicio de un aeropuerto se mide también por el tiempo de entrega de una maleta y el número de bártulos acumulados en objetos perdidos. Un retraso en el vuelo, un enlace perdido y, sobre todo, una mala gestión del tráfico previsible son la causa anterior a la maleta errante. Por igual, una caída de la actividad económica en general y del consumo en particular, más el aumento del paro, generan un volumen de bultos por recuperar progresivo.
Información publicada en la página 34 de la sección de Economía de la edición impresa del día 19 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Otra cuestión es cómo se mide la morosidad. En cultura anglosajona, se reconoce la del crédito personal en cuanto se deja de pagar, y se provisiona totalmente. En hipotecas retrasadas, al cabo del año. En el modelo español, hay remoloneo: de dos a seis años para no tener que llevarlo al balance. Semejante, por cierto, a aquel 25 de agosto del 2006 cuando se publicaron fotos de miles de maletas acumuladas en El Prat (ratio de morosidad de 11 por cada 1.000 maletas). AENA e Iberia lo negaron dos días después, a la española: las escondieron tras unas mamparas.