La economía de la zona euro se resiente de la interminable crisis de deuda soberana. Da muestras de fatiga en el crecimiento económica y acusa el castigo al que los inversores someten a los mercados de renta fija. Ambas circunstancias se ven reflejadas en el contenido del boletín mensual (agosto) del Banco Central Europeo que ayer vio la luz. «Los indicadores apuntan a una actividad económica débil en el segundo trimestre del 2012 y al principio del tercer trimestre, en un entorno de elevada incertidumbre», describe el editorial del boletín. Previamente recuerda que el crecimiento intertrimestral del PIB fue nulo en el primer trimestre de este año.
Información publicada en la página 21 de la sección de Economía de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los datos relativos al conjunto de la eurozona se dan a conocer un día después de que la Oficina Federal de Estadísticas de Alemania informara de que las exportaciones cayeron más de lo previsto: en junio, Alemania exportó un 1,5% menos que en mayo, cuando los expertos pronosticaban un retroceso del 1,3%. El descenso de las ventas al resto de la zona euro explica la caída. No obstante, en la comparación anual, las exportaciones aún crecen un 7,4% y las compañías alemanas esperan que el 2012 termine con un aumento del 4% respecto al año pasado.
En todo caso, se trata de un síntoma del agotamiento de la actividad económica europea, cuya recuperación no se va a producir más que de forma «muy gradual», según el BCE, ya que el impulso al crecimiento se ve amortiguado por varios factores: «Se espera que las tensiones existentes en algunos mercados de deuda y sus efectos en las condiciones de financiación, el proceso de ajuste en los balances en los sectores financiero y no financiero y las elevadas tasas de desempleo repercutan sobre el dinamismo subyacente del crecimiento», también afectado por la desaceleración mundial en curso.
Los riesgos
El BCE reconoce que las perspectivas no son buenas, puesto que «continúan apuntando a la baja, y se relacionan, en particular, con las tensiones en varios mercados financieros de la zona euro y su posible contagio a la economía real de la zona». España aparece mencionada y aludida en varias de las recomendaciones que formula el instrumento de análisis coyuntural del instituto emisor de la zona euro. La alusión implícita se incluye en la advertencia a los países de la zona euro de que deben estar dispuestos a activar el FEEF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) y el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) en el mercado de deuda «en el caso de que existan circunstancias excepcionales en los mercados financieros y riesgos para la estabilidad financiera». El mensaje tiene como destino al Gobierno español, que debe decidir si pide ayuda a Bruselas para que el BCE y el fondo de rescate compren deuda española para aliviar los elevados tipos de interés que debe pagar el Tesoro para su financiación, debido a la presión de los mercados.
El boletín, elaborado tras el último consejo de gobierno del BCE, observa «las graves disfunciones del proceso de formación de precios en los mercados de deuda de los países de la zona euro». Y constata que se han registrado primas de riesgo excepcionalmente altas en los precios de la deuda pública de algunos países. Esa fragmentación financiera
-considera el BCE- está obstaculizando el funcionamiento efectivo de la política monetaria, tal como el presidente de la institución, Mario Draghi, comentó hace un par de semanas en Londres.
El BCE avanza que «puede llevar a cabo operaciones de mercado abierto en firme del tamaño adecuado para alcazar sus objetivos». Asimismo anuncia que podría considerar la adopción de nuevas medidas de política monetaria no convencionales acordes con la necesidad de reparar la transmisión de la política monetaria de la institución.
España, además, se menciona directamente en la batería de recomendaciones formuladas para los cinco países de la zona euro que están llevando a cabo procesos de ajuste (Chipre, España, Grecia, Irlanda y Portugal) para paliar sus altos niveles de desempleo. Propone reformas estructurales que incluyen una reorientación del gasto público hacia los sectores educativo y de investigación, una reforma laboral que permita reducir aún más los salarios, medidas que faciliten la creación de empresas y valentía para enfrentarse a «sectores privilegiados y grupos de interés».