El Periódico

EVOLUCIÓN DEL MERCADO LABORAL

La industria renovará tres millones de empleos hasta el 2025

La pérdida de puestos de trabajo por la progresiva digitalización en todos los ámbitos sigue suscitando estudios controvertidos

La industria renovará tres millones de empleos hasta el 2025

JOSEP GARCIA

Fábrica de Montesa en Santa Perpétua donde se combina empleo y robotización. 

Domingo, 27 de marzo del 2016 - 17:13 CEST

El sector industrial relevará a tres millones de empleados en él próximo decenio, según un estudio de Randstad, multinacional de origen holandés especializada en recursos humanos, sobre el mercado laboral español. Este análisis, titulado Industria: situación actual y retos de cualificación, prevé que en España se van a crear 3.500.000 empleos en el sector industrial hasta el 2025, aunque deja claro que la mayoría serán simples sustituciones de quienes abandonan por edad u otras circunstancias el mercado laboral. Cabe precisar que el objetivo de este análisis no es tanto el de estadísticas de ocupación como de las variantes que se darán en el sector industrial a partir del grado de formación que tienen los actuales empleados en el sector industrial y el que será exigible para quienes les sustituyan en un futuro.

sectores empleo automatización

El otro medio millón de empleos que, según Randstad, se pueden añadir a los actuales, de los que se prevé que haya sucesión natural, provienen de la previsible incorporación de las nuevas tecnologías al proceso industrial y la demanda de nuevos profesionales que generará el propio sector y que quedarán asimilados en el mismo epígrafe de industria que contemplan los métodos tradicionales de cálculo de ocupación por actividades. Según el informe de la multinacional de recursos humanos, para mantener esta constancia de empleo será determinante que se considere también el grado de formación de los futuros contratados. En este aspecto, Randstad es coincidente con la advertencia que se está haciendo desde todo tipo de foros de prospección económica a medio plazo sobre el alto riesgo de reducción de empleo que introduce la llamada cuarta revolución industrial. Uno de los más recientes es el que recoge el informe mensual del área de estudios de CaixaBank que dirige Jordi Gual.

Davos abrió el debate

La digitalización amenaza siete millones de empleos los próximo cinco años. Así consiguió atraer la atención, este año, el Foro Económico Mundial que oficia su presencia pública la última semana de enero en Davos (Suiza)  pero que está activa a lo largo del año con un presupuesto de 200 millones de dólares, que permite captar a los académicos más brillantes, sin discriminación ideológica, siguiendo los postulados del creador del Foro, Klaus Schwab. De esta cifra millonaria y amenazante, enseguida se buscó el reparto según las distintas actividades. Quedaba claro que las tareas rutinarias o de escaso valor añadido estaban más que sentenciadas en pocos años, lo que incluye a funcionarios, recepcionistas de hotel, dependientes del comercio y analistas financieros (porque “los cálculos ya los hará internet”). En el lado opuesto, tenían garantizado su futuro los oficios más manuales o creativos, sean masajistas, peluqueros o dentistas; pero también coreógrafos, enfermeras y clérigos. En esa clasificación, se daba por descontada la pérdida de dos millones de empleos mundiales en industria y construcción.

NIVEL DE FORMACIÓN

La advertencia de Randstad sobre la capacidad de los fabricantes españoles para seguir creando puestos de trabajo, o más bien manteniendo los actuales el próximo decenio, es la singular distribución del empleo en el sector en función del nivel de formación. Hoy en día, un 42% de los ocupados tienen titulación superior, y otro 32% han completado los estudios primarios y secundarios. Estaría bien si se comparara, en el segmento más bajo, con otros sectores como los vinculados al turismo, pero es preocupante si se compara con lo que sucede en los otros países más industrializados de Europa, en los que las proporciones son significativamente distintas. Tiene, en parte, una explicación de sobra conocida: la industria española, pese a ser competitiva y exportadora, está asentada en sectores maduros de producción (automoción, química…) mientras que la del resto de la Europa comparable con la española hace años que tiene incorporada la innovación como actividad asociada, cuyo empleo es muy superior al medio millón que prevé Randstad para España.

La explicación de esta anomalía hay que buscarla en la franja central de la comparación, los estudios de grado medio, que comunmente se llama formación profesional. Mientras en España se registra una brecha entre universitarios y los que se quedan en la ESO. Entre las titulaciones presentes en la industria (entre ambas, suman más del 75%) la media europea está muy distanciada, precisamente por la zona central: los titulados para ejercer un oficio industrial en la UE son el 48,4%, y en España, el 23,5%. Esta diferencia solo tiende a ampliarse los próximos años, según Randstad. De ahí viene la advertencia de la brecha insalvable del grado de conocimientos y el riesgo derivado de la destrucción de puestos de trabajo.

CUARTA REVOLUCIÓN

En esta misma línea, el último Informe de CaixaBank recoge varios estudios que abundan en la advertencia del riesgo de pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo si no se asumen las exigencias de la ya llamada cuarta revolución industrial (expresión que se consagró el pasado enero en la cumbre de Davos). En uno de los artículos, Adrià Morron advierte de que “no hay que confundir tareas con puestos de trabajo: un puesto de trabajo o una profesión comprende múltiples tareas, como la interacción social o el ejercicio físico”. En otro texto, Maria Gutiérrez-Domènech abunda en la principal carencia de los futuros aspirantes a un empleo: España solo está en la media de los países de la OCDE en la que se percibe como necesario el aprendizaje de las nuevas tecnologías.

No hay destrucción creativa de empleos

Ha vuelto a ser el Club de Roma, desde su sede en Barcelona, el que organice una sesión alternativa al entusiasmo por la nueva era digital y su capacidad para mejorar el bienestar de toda la sociedad, aunque sin ser tan catastrofista por la pérdida millonaria de empleos. La semana pasada hubo sesión académica en la Casa Macaya (la vivienda que Puig i Cadafalch edificó para el industrial Adrià Macaya en el paseo de Sant Joan de Barcelona, y ha recuperado la obra social de La Caixa) con dos catedráticos dispuestos a poner límites a las loas sin rigor académico. Gregorio Martín Quetglas, catedrático emérito de Valencia experto en computación y robótica, amplió el contenido de su libro esencial Desempleo y bienestar en la era digital. Niega que estemos ante un fenómeno similar a la tercera revolución industrial, porque la nueva era del conocimiento va a ser incapaz de crear tantos empleos, aunque sea a la larga, como los que destruye. La teoría de Schumpeter de la destrucción creativa queda en suspense. La tesis de Martín, que no abandona en ningún momento una visión humanista de las relaciones sociales, son las de exigir un gran cambio político en Europa, lo que sigue sin vislumbrarse.

Por su parte, el catedrático Guillem López-Casasnovas (UPF), experto en políticas públicas contra la desigualdad real, advirtió contra quienes presentan la nueva era digital como un modelo de mayor productividad y generación de crecimiento. “Todo depende de cómo se midan”, advirtió. Rompiendo la doctrina dominante de los gestores públicos, Casasnovas propuso que si el equilibrio social depende de la aportación digital, es asumible plantear nuevos impuestos a las empresas tecnológicas (y que se escaquean en artificios contables sofisticados) cuyos beneficios desorbitados deben revertir en el bienestar de la sociedad en general.

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