Joan Tapia
Periodista
Tras la intervención de Rodrigo Rato (y la anterior de Fernández Ordóñez), Joan Coscubiela se planteó una cuestión clave: ¿Si todo se hizo correctamente, por qué estamos tan mal? Es una plaga bíblica? Se lo preguntan muchos ciudadanos quizás porque los políticos -ocupados en vender su mercancía (lograr votos)- no lo han explicado. Sólo se han mutuamente descalificado. Y desde mayo del 2010, cuando no ha habido más remedio que tomar severas medidas, la ciudadanía se encuentra desconcertada e incluso irritada.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Rato explicó algo. Tiene 63 años y nunca vio en España cinco años seguidos de recesión. Hay una crisis similar a la de 1929. Y Fernández Ordóñez vino a decir que una crisis prolongada en el tiempo puede convertir un banco sano en otro fallido. Esa es parte -solo parte- de la historia de Bankia. Unas entidades -Caja Madrid y Bancaja- con exceso de inversión en el inmobiliario (17% del crédito al sector cuando su cuota es del 10%) se han visto inmersas en una espiral de créditos impagados que las han llevado a una situación muy comprometida. No es solo el caso de Bankia sino -con otras magnitudes- también el de muchas cajas catalanas.
Rato explicó bien la fusión con Bankaja -sugerida por el Banco de España pero aceptada porque permitía grandes sinergias- e incluso la salida a bolsa de julio del 2011. Que fuera aprobada por el supervisor -y asesorada por las mejores sociedades especializadas- es un dato. Bankia debía salir a bolsa (o cerrar) porque lo exigían las normativas (españolas y europeas) que obligaban a aumentar el capital.
Sobre la escandalosa divergencia final de cifras -de una necesidad de 7.000 millones a otra de 23.000 en pocos días de mayo- Rato afirmó que no se debe a una afloración de pérdidas -al agujero- sino a cambios normativos y a la exigencia de provisiones para hacer frente a posibles pérdidas futuras por el deterioro económico. La tesis es coherente pero puede ser parcial. El Banco de España debería dictaminar y no lo ha hecho (fue apartado del caso). Más escabroso es el choque con el auditor, Deloitte, respecto a los créditos fiscales y la valoración de las acciones que tenía Bankia en su matriz, el BFA, Banco Financiero y de Ahorros.
Pero Rato no profundizó en su dimisión y guardó silencio sobre el desenlace final. Solo dijo que su plan -siempre aprobado por el supervisor- no fue avalado por «las autoridades», el Ministerio de Economía, que parece que apartó al Banco de España. ¿Por qué el plan del antiguo vicepresidente económico de Aznar fue deshechado por su antiguo subordinado, el ministro de Economía de Rajoy? No puede ser un secreto de estado porque ha tenido serias consecuencias. Parece claro que la nacionalización -juzgada muy negativamente por Mario Draghi, presidente del BCE- ha forzado a España a pedir el rescate bancario.
Las comparecencias de Rato y Fernández Ordoñez (y luego las de Narcís Serra y Elena Salgado) han sido esclarecedoras pero seguimos sin saber las razones del trágico final de Bankia. La versión de Rato -detallista y racional aunque quizás parcial- casa bastante mal con lo que se espera de un Gobierno diligente. Guindos tiene que explicarse en el Congreso. Con la máxima urgencia.