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UNA AMISTAD LEGENDARIA

Gates y Jobs, rivales y sin embargo amigos

Compitieron en ordenadores pero el fundador de Microsoft salvó a Apple en un momento difícil

Jueves, 6 de octubre del 2011 - 13:24h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARMEN JANÉ / Barcelona

Bill Gates afirma que echará de menos "inmensamente" a Steve Jobs y que su relación fue de "colega, competidor y amigo". Pocas veces las palabras fueron tan medidas pero a la vez tan ajustadas.

Steve Jobs, en la Macworld de 1997, con Bill Gates en videoconferencia. Julia Malakie | AP

Steve Jobs y Bill Gates, en mayo del 2007, durante una conferencia de AllThings D, organizada por Walter Mossberg.

Gates y Jobs fueron colegas, sin duda. Rivales siempre, al menos para Jobs. Y amigos, lo demostraron. O al menos, Gates lo hizo algo más, cuando le permitió salvar la Apple que tanto quería en 1997 al invertir 150 millones de dólares pero sin derecho a voto en el consejo de administración de la compañía. A cambio, Apple distribuía Office para Mac. Y Gates tuvo la satisfacción personal de que Jobs le invitara para darles las gracias públicamente en una de sus keynotes tras haberlo vilipendiado en la anterior. 

Su objetivo común, y pese a que Apple demandó a Microsoft por copiar su software (esa vieja costumbre de las empresas de tecnología), fue primero IBM. Y luego, y durante muchos años, a Gates le preocupó bastante poco una compañía que no le hacía sombra en el mercado ni de lejos. Hasta que Apple creció. Pero Gates ya había dejado Microsoft para dedicarse a su fundación humanitaria.

Desde Seattle, Gates, y desde Palo Alto, Jobs, tuvieron un catalizador: el PARC de Xerox, al lado de casa de Jobs, donde ambos, por separado, entendieron que el futuro de la informática pasaba por una interfaz amigable, es decir, por cómo lograr que los ordenadores se relacionaran con los humanos de una forma eficiente.  Bill Gates con esa idea acuñó Windows 95. Jobs sacó primero el Macintosh, el primer ordenador personal, con ventanas que se abrían y cerraban. Ese en el que Gates dijo que "si alguien escribía un buen programa para un ordenador con 128 Kb merecía una medalla".

'Piratas del Silicon Valley'

Gates, el empollón de las gafas de pasta y los jerseys de pico, envidiaba el carisma de Jobs, mucho más atractivo y brillante en sus presentaciones. Y con una chulería capaz de echar a perder buenos talentos y la ambición de ganar el mismo dinero que era capaz de generar el fundador de Microsoft. Son las imágenes que nos ha legado una de las películas que ha forjado su mito: Piratas de Silicon Valley (1999), y de la que se llegó a hacer un musical en Broadway.  

Pese a los favores que el ahora filántropo también se cobraba (a Microsoft nunca le interesó quedarse sin rivales cuando arreciaban las acusaciones de monopolio por parte del Gobierno de EEUU), Jobs ha tenido siempre esa postura algo desdeñosa con Gates, a quien, por otra parte, invitaba a cenar a su casa.

Y no cedía. Cuando en el 2007, Walter Mossberg les invitó a ambos a compartir escenario en la conferencia D5 que organiza el blog Allthingsd, Jobs le puso pegas. Espetó a Mossberg que traer a Gates era como "llevar un vaso de agua a alguien en el infierno", porque Apple estaba más que salida después del iPod y el iPhone. Al fundador de Microsoft le llegó el comentario y cuando se encontraron antes de salir al escenario, le dijo: "Creo que soy el representante del infierno". Jobs le dio la botella de agua de la que nunca se separaba. Y se echaron unas risas. Luego, dieron una imagen de compañerismo y complicidad durante la conferencia de esas que se notan que no habían empezado la noche antes.

La primera novia de Bill

Y no lo había hecho. Alan Dutchman, en The second coming of Steve Jobs, recuerda cómo sabían el uno del otro en un mundillo, el del Valle (por Silicon Valley), que es casi como un pueblo. Bill Gates, antes de casarse con Melinda French, salió varios años con Ann Winblad, muy buena amiga de Heidi Roizen, que medio salía con el fundador de Apple por aquella época (luego, como ejecutiva de la patronal discográfica RIAA también le ayudaría a allanar el camino para iTunes), y quedaron varias veces los cuatro.

Dutchman explica también una divertida anécdota de cómo Gates, Winblad y Roizen, una noche borrachos en casa del fundador de Microsoft, llamaron a cas de Jobs haciéndose pasar por un conocido inversionista francés del valle. Jobs no tragó la broma y le regaló a Gates la cinta con la llamada años más tarde. 

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