Josep-Maria Ureta
Periodista
El triunfo de los socialistas en Francia ha tenido enseguida una primera referencia: los años que han pasado desde la elección de otro presidente socialista, el triunfo de François Mitterrand en 1981. Llevó consigo ministros con futuro (Fabius, Délors, Mauroy) y ambiciosos: había que invertir en todo lo prometido. Y más con las secuelas de la sacudida de la segunda crisis del petróleo. Gastar aunque no se tuviera, es decir generando déficit, compensado con endeudamiento. Hasta que alguien pidió (cosa muy francesa) raciocinio. ¿Cuánto desequilibrio es asumible en las cuentas públicas?
Información publicada en la página 26 de la sección de Economía de la edición impresa del día 08 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Desde hace dos años se conoce la narración de un funcionario de la oficina del Presupuesto de Francia, Guy Abeille, que explica que ante la exigencia de dar una cifra que pudiera envolverse de solemnidad, eligieron dos opciones aleatorias: sabían que el déficit de aquel año iba a ser de 100.000 millones de francos y que puestos a relacionarlo con algo que fuera comprensible para la mayorías, se eligió el PIB. Y claro, para que en los discursos hubiera una referencia para determinar si se cumplían las promesas sin excederse, se eligió el dato que entonces mejor cuadraba: el 3%. Y luego se sacralizó en Maastricht. Ahorrar es racional, saber cómo y por qué, también .