El Periódico

Análisis

Financiar la innovación, clave para crecer

XAVIER FERRÀS

Jueves, 4 de abril del 2013

  • Tienda efímera ('Pop Up') de Privalia en Barcelona, en marzo del 2012.

  • Tienda efímera ('Pop Up') de Privalia en Barcelona, en marzo del 2012.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la inversión en I+D sobre el PIB en España ha caído en el último año del 1,39% al 1,33%. En Catalunya, hemos pasado del 1,63% al 1,55%. Las únicas autonomías que continúan avanzando hacia una economía de la innovación son el País Vasco y Navarra, pasando del 1,95% al 2,10%, y del 1,97% al 2,05%, respectivamente. Alemania y EEUU están cerca del 3%, y Corea del Sur y Finlandia, se acercan al 4%. La UE nos marca un objetivo del 3% para el 2020.

La capacidad de innovar es el motor del crecimiento, la competitividad y el bienestar de los países. ¿Por qué no se innova en España? La respuesta es sencilla: porque no existen mecanismos específicos de financiación. Hay muchos factores que limitan el crecimiento: la carencia de capacidad tractora de la Administración, el déficit público, el mercado de trabajo inflexible, la pobre imagen de marca-país y la extrema escasez de crédito.

Pero, si hablamos de por qué no se innova, yo centraría el diagnóstico en la carencia de instrumentos específicos. Aunque las condiciones macroeconómicas se estabilizaran y volviéramos a la normalidad crediticia, al saneamiento de las cuentas públicas y a disfrutar de una buena marca y un buen posicionamiento internacional, el país tendría dificultades para evolucionar hacia una economía de la innovación.

Riesgo añadido

Hablamos de innovación cuando nos referimos a actividades no solo de valor añadido, sino también de riesgo añadido. Es un compromiso conocido en economía: para obtener ventajas competitivas superiores, a menudo hay que asumir un riesgo superior a la media. Cuanto más exclusivo y diferencial es el proyecto, más anormal es y, por lo tanto, mayor riesgo de fracaso tiene.

Esta característica de riesgo es muy común en proyectos de alta tecnología: las iniciativas emprendedoras o empresariales tienen un riesgo asociado a la naturaleza de la tecnología. Imaginemos un proyecto de desarrollo de nuevos materiales, perfectamente simulado en ordenador, pero que no se ha probado nunca a nivel industrial.

Pueden surgir problemas técnicos de escalabilidad industrial que confieren al proyecto una base de éxito probabilística. No hablamos de riesgo comercial o de gestión, que se da por supuesto. Hablamos de factores de incertidumbre no controlables a priori, que pueden llevar el proyecto al fracaso por imposibilidad tecnológica de lograr los hitos propuestos.

¿Quién financiaría un proyecto tecnológico que tuviera, por ejemplo, un 30% de probabilidades de éxito, por inmadurez de la tecnología? Solo quien tenga capacidad financiera suficiente para jugar a riesgo: operadores con suficiente volumen y normalmente muy especializados y conocedores de los sectores tecnológicos en cuestión. Este tipo de operadores no existen hoy en España.

Este es el caso de los emprendedores que salen de entornos científicos. Estamos fomentando, por ejemplo, la emprendeduría de base tecnológica, especialmente surgida de universidades y centros de búsqueda. Pero sin instrumentos de financiación del riesgo estos proyectos no se convertirán en empresas reales. Lo mismo pasa en las pymes, que, especialmente con la crisis, han recortado todas las actividades de retorno a medio plazo (por ejemplo, la innovación, y, específicamente la I+D). No olvidemos que el 99% de nuestro tejido empresarial es de pequeña y mediana empresa.

'Fools, friends and family'

¿Y la gran empresa? Si miramos el Ibex 35, veremos el perfil de empresas, y el mix de sectores (muchos de ellos regulados) no tienen la configuración óptima para desarrollar sectores auxiliares industriales, clústers empresariales internacionalmente competitivos a los cuales puedan arrastrar. No disponemos de Toyotas, BMWs, Siemens o Hewlett-Packards que creen cadenas de valor en la proximidad.

Desde el punto de vista de los instrumentos financieros, para un emprendedor el primero al que accede son los famosos FFF (Fools, Friends and Family: locos, amigos y familia). El entorno cercano. La financiación bancaria está descartada (hoy especialmente, pero también en épocas de bonanza). Ningún banco comercial financiará proyectos de riesgo, a menos que se proporcionen las garantías y los avales correspondientes (el riesgo siempre irá a cargo del emprendedor o de la empresa, de forma lógica y legítima).

En una segunda etapa, el emprendedor intentará acudir a los circuitos de business angels, normalmente profesionales con capacidad financiera para invertir en el proyecto, habitualmente incorporándose a la gestión o en tareas directas de asesoramiento. Lógicamente, de nuevo, se tiende a invertir en aquellos proyectos más cercanos al mercado, quizás con modelos de negocio innovadores, pero generalmente escalables y sin riesgo tecnológico.

Ganan los servicios

No disponemos de talento inversor experimentado en el desarrollo de negocios de alta tecnología. Y esto es extensible en el capital riesgo disponible: fondos profesionales que invertirán en iniciativas ya de un cierto volumen, por encima del millón de euros, en fase de expansión internacional, con producto diferencial, con modelo de negocio por acabar de demostrar, pero generalmente con bajo riesgo tecnológico. Así, el sector con mayor volumen inversor fueron los servicios (40%). Y, con la crisis, todavía descienden el número de operaciones (el 22% menos en el 2011 que en el 2010).

¿Y la Administración? A nadie le gusta hablar de subvenciones. Pero disponer de un paquete de incentivos es fundamental para explosionar la actividad innovadora. Las economías de países como Finlandia o Corea del Sur se han convertido en referentes internacionales en innovación por la correcta asignación de incentivos desde el sector público, concentrando el apoyo en actividades de alta tecnología.

El efecto de la compra pública innovadora en el liderazgo económico de EEUU es indiscutible. Hacen falta instrumentos sostenidos y estables de fiscalidad favorable, préstamos participativos, ayudas directas, compra pública y créditos blandos para cubrir todas las fases de riesgo-proyecto antes de poderlo proyectar al mercado. Sin ellos, el país sufrirá un terrible coste de oportunidad.

En definitiva, somos (volvemos a ser) un país de emprendedores, con iniciativa innovadora creciente. Por eso han surgido, desde abajo, grandes éxitos internacionales como Zara, Mango o Tous. Algunos, en sectores tecnológicos, como Softonic, Privalia o Letsbonus. Pero para que explote de verdad el potencial innovador sepultado, larvado con décadas de inversión en investigación básica, demostrado con niveles científicos de excelencia, y constatado con una universidad que se vuelca cada vez más en su tercera misión (la transferencia de conocimiento), hay que sofisticar y adaptar el mercado financiero público y privado.

Considera que la gente quiere a los mejores y Bellerín lo es