Ni Calimero ni Piolín. El primero, el desafortunado pollito negro de dibujos animados creado por los hermanos Nino y Toni Pagot, porque atribuía todos sus males a los demás (pesimista extremo y victimista). El segundo, el pajarillo creado por Bob Clampett y acosado por el gato Silvestre, por su peligrosa autoconfianza y positivización (optimista exagerado).
Información publicada en la página 25 de la sección de Economía de la edición impresa del día 09 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Belén Varela, especialista en dirección de personas en diversas multinacionales, considera que la virtud en el comportamiento humano en las organizaciones y la empresa está en el medio o cerca de este y en combinar el hecho de que «donde el pesimista ve pretextos, el optimista ve motivos». Hoy hay cientos de compañías calimerizadas, en las que, hasta el más entusiasta pierde la ilusión.
La cuestión es que en las empresas se tiende a interiorizar el negativismo y más en un clima de crisis. En una sociedad como la actual, en la que nos abruma el volumen de información «lo que retenemos es lo excepcionalmente negativo», advierte. Varela se planteó el tema en La rebelión de las moscas (Ediciones B, Barcelona, 2102). Y ¿por qué esos insectos? Por la referencia de Miguel de Unamuno a unas abejas y unas moscas metidas en una botella con el fondo hacia la luz y la boca abierta en sentido opuesto. Las primeras, más lógicas y en teoría más inteligentes, no pueden salir; mientras que las segundas, inicialmente más simples, hallan la salida.
Varela defiende «la desviación positiva» en las empresas y organizaciones. En su opinión, «lo primero que hay que hacer es rascar la costra de la negatividad y analizar qué sabemos hacer y dónde sacamos mejores resultados en lugar dedicar todo el tiempo a analizar lo que hacemos mal».
Según sus experiencias, donde se ha seguido ese camino se han obtenido mejores resultados, gracias a la recuperación de la autoestima y la motivación. Para ello es importante el espíritu del líder. Si es capaz de transmitir ese positivismo acaba contagiando a todos. Incluso en tiempos de crisis como los actuales en los que se reducen empleos y rebajan sueldos un directivo capaz de implicar, dar ejemplo y generar ilusión puede impregnar de positivismo a una organización sumida en la depresión, explica.
La experta, vicepresidenta de AEDIPE (Asociación Española de Dirección y Desarrollo de Personas) en Galicia, advierte de que los empleados tienen que ser conscientes de que son parte activa. Pero también los directivos deben entender que «el peor fraude es decepcionar constantemente las expectativas. Generar falsas ilusiones es el camino más directo al pesimismo» y la desmotivación.