José Antonio Bueno
Si le quedaba a alguien alguna duda sobre quién manda en Europa ayer quedó brutalmente de manifiesto. Tras unos días de declaraciones esperanzadoras respecto a poder salir de esta por una puerta diferente a la intervención nos lo han dicho alto y claro: si queremos ayuda, debemos bajar aún más la testuz y entonces nos prestarán dinero a cambio de nuevas condiciones.
Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 03 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No deja de ser humana la oleada de relativo optimismo que invadió la opinión pública desde que Draghi anunció «algo» para ayer. Pero poco a poco los que mandan, Alemania y sus palmeros, fueron filtrando que ni intervención en los mercados ni licencia bancaria para el fondo europeo de rescate hasta que no se formalice una mayor cesión de soberanía. Y normalmente los mensajes de esta gente se cumplen, porque ellos tienen las palancas reales para que sus palabras se conviertan en hechos. En el consejo del BCE de ayer le debieron recordar a Mario Draghi que solo es el primer empleado del BCE, pero las decisiones las toman los accionistas, quienes no estaban por la labor de compra de deuda de manera más o menos indolora.
Tras el traspiés verbal de Draghi, su credibilidad y la de su institución han caído en picado. Me temo que sus declaraciones futuras irán perdiendo el efecto balsámico pues, de momento, mucho hablar, pero poco actuar. Si algún día debía poner su dimisión encima de la mesa ese era ayer y, de momento, parece que el verbo dimitir tampoco tiene primera persona del singular en italiano. Solo hay una voz que vale, la del club de los países de la triple A (me refiero a su rating) y ellos siguen aferrados a la penitencia como única solución.
De todo lo que se ha dicho, inútilmente, durante los últimos días destaca la sinceridad de la directora gerente del FMI, institución inventora hace décadas de los rescates de países con problemas. Según ella, pocos recortes más se le ocurren que no colapsen la economía. Es igual, seguro que holandeses y finlandeses serán suficientemente creativos. Y si no, nuestro Gobierno tiene la cabeza de turco perfecta, el Estado de las autonomías. No cabe duda que Europa «nos forzará» a recentralizar competencias porque más federalismo no está en el guión de Madrid. Y si el Título Octavo de la Constitución es poco, vendrán las pensiones. Y, luego, despidos de empleados públicos.
Nos espera un agosto de prima de riesgo aún más estratosférica, indicador que por cierto no sirve absolutamente para nada en un mes sin emisiones, y será en septiembre donde nos la pegaremos contra el muro de la realidad. La única esperanza es que agosto va a ser un mes especialmente complicado para las emisiones de deuda italiana y, ojalá, alguien se dé cuenta de que una rotura del euro arrasaría con la triple A de Alemania y sus mariachis.
El día en el que el Rey y la bandera (la de la plaza de Colón) se cayeron empieza la marcha atrás para el segundo rescate light. Claro que la suma de rescates light nos acercará más y más al rescate hard. Y, por cierto, de momento no ha llegado ni un euro a España de los 100.000 comprometidos. Cesión de soberanía, ¿para qué?