El Banco Central Europeo (BCE) se trasladó ayer desde la gris Fráncfort a Barcelona. Por un día. En medio de fuertes medidas de seguridad propias de una cumbre de jefes de Estado, la capital catalana acogió la reunión del consejo de gobierno de la institución europea, en la tercera ocasión en que España se convierte en sede de esta reunión, que se ha celebrado 24 veces fuera de Alemania.
Reunión 8 Los miembros del consejo de gobierno, preparados para iniciar la reunión en el hotel Arts, ayer. EFE / ALBERTO ESTÉVEZ
Información publicada en la página 3 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los banqueros centrales se encerraron desde primera hora en el hotel Arts de Barcelona, donde se han hospedado dos días, para discutir sobre la política monetaria de la eurozona y las políticas que debe seguir la autoridad bancaria, creada el 1 de junio del 1998 para mantener la estabilidad de los precios. El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, ejerció de anfitrión y habló solo al principio para explicar el motivo de la visita del BCE: «el objetivo de estas reuniones es acercar el banco a la gente», dijo.
El BCE está dirigido por el comité ejecutivo, presidido por Mario Draghi y en el que figuran el portugués Vítor Manuel Ribeiro Constâncio (vicepresidente), el español José Manuel González Páramo (a punto de concluir el mandato) el alemán Jörg Asmussen, el francés Benoît Cœuré y el belga Peter Praet. El consejo de gobierno está formado por el comité más los 17 gobernadores de los bancos centrales de los países del euro, incluidos los de los países rescatados.
A la reunión de ayer también acudió el vicepresidente de la Comisión Europea Olli Rehn, quizás porque la crisis financiera que acosa a la zona euro ha elevado estas reuniones del BCE a la altura de grandes acontecimientos mediáticos. Prueba de ello es el periplo por el que pasó la prensa nacional y extranjera que acudió a la reunión: tres controles de seguridad con identificación de documentos, escáner y cacheo antes de entrar a la sala de prensa en la que los periodistas permanecieron durante más de tres horas a la espera de Draghi.
El italiano, natural de Roma y formado en EEUU, apareció con el estilo distinto que se ha forjado respecto a su predecesor Jean-Claude Trichet. Aunque es italiano, apenas gesticula con los brazos y es poco dado a la teatralización, a diferencia del francés Trichet. También habla mejor inglés que su antecesor y contesta de forma más escueta a las preguntas de los periodistas. Sin embargo, su guión sigue marcado por la prudencia y la ortodoxia del BCE, cuyo principal cometido es mantener los precios de la zona euro y evitar que se desboque la inflación. Ayer dejó muy claro que esta es su misión y que son los gobiernos los que deben tomar el camino de las reformas y de los estímulos al crecimiento.
En la mente de los periodistas españoles asomó ayer el recuerdo de la última reunión del BCE celebrada en Madrid en el año 2006 en la que el Trichet atrajo un dispositivo de seguridad inferior, pero mostró menor empatía con los periodistas españoles, a los que prácticamente no dejó preguntar.