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Cambios en el sistema financiero

Castillo de naipes (cajas)

El sistema financiero español se ha desmoronado en los cuatro años que arrastra de crisis financiera

La caída de más de dos tercios del sector no ha sido inocua para los clientes

Domingo, 13 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MAX JIMÉNEZ BOTÍAS
BARCELONA

La incierta e improvisada carrera hacia la reforma del sistema financiero español se inicio con cerca de 60 contendientes de los que llegarán al final menos de 10. El robusto sistema bancario, a juicio de los gobiernos que han tenido que lidiar con el problema y del regulador que ha velado por la continuidad de las entidades, se ha revelado un castillo de naipes que se ha desmoronado carta tras carta hasta emerger los cimientos.

La primera 8 Sucursal de Caja Castilla-La Mancha en marzo del 2009, cuando fue intervenida. ARCHIVO / JOSÉ LUIS ROCA

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Información publicada en la página 29 de la sección de Economía de la edición impresa del día 13 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Y, pese a la insistencia oficial de que esa reforma se ha realizado sin coste para los ciudadanos, no hay más que cuantificar el número de personas que se han visto afectadas por la conversión de las participaciones preferentes y otros instrumentos de deuda convertible en acciones para mejorar la débil solvencia de las entidades. Unas 700.000 en España, que no han podido rescatar sus ahorros porque los bancos han atrapado a sus clientes en instrumentos de más larga duración. Y si, finalmente, las transformaron en acciones, el valor de estas se ha derrumbado como el prestigio del sistema financiero en el mercado de renta variable y el del país, en el mercado de renta fija.

Un problema mayor

«A fuerza de unir entidades con activos deteriorados se ha acabado haciendo el problema mucho mayor de lo que era al principio», comentaba esta semana un ejecutivo bancario en relación a la nacionalización de Bankia. Esta es la última carta que ha acabado desprendiéndose del entramado financiero. La primera fue Caja Castilla-La Mancha (CCM). El 29 de marzo del 2009, el Banco de España tomó la decisión de intervenirla. La toma de control se produjo ante el bloqueo de las negociaciones de integración entre CCM y Unicaja. El acuerdo entre ambas, más un artificio político que una fusión empresarial, trataba de encubrir la mala situación financiera de CCM. Por ello, Unicaja reclamaba una fuerte cantidad para acometer la operación y cubrir el agujero, que se cifró en 3.000 millones de euros.

CCM marcó el paso para las sucesivas subastas de entidades intervenidas y puso de manifiesto que el proceso de reprivatización iba a tener sus peculiaridades: más que venderse, la caja se regaló al nuevo propietario, Cajastur, que contó con el respaldo del Fondo de Garantía de Depósitos para cubrir pérdidas de la cartera crediticia por valor de 2.475 millones, además de una inyección de capital de 1.300 millones de euros.

Un mapa abierto

«Con la adjudicación de Cajasur a BBK se cierra de forma casi definitiva el nuevo mapa de las cajas de ahorros», publicaban los diarios en julio del 2010, cuando el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), creado un año antes, adjudicó la caja cordobesa -intervenida poco después de CCM por el Banco de España- a la vizcaína BBK.

Nada más lejos de la realidad. El pecado de la caja andaluza vinculada a la Iglesia era el mismo que pondría a los pies de los caballos a otras entidades intervenidas antes y después: demasiado riesgo en la cartera de crédito inmobiliario, demasiados préstamos a promotores que no habían evaluado con claridad el impacto de una crisis económica en la demanda de pisos construidos al por mayor. Y, finalmente, demasiada ambición por parte de unos gestores cegados por el poder y el dinero, a los que no les avergonzó atribuirse pensiones millonarias como retribución al desaguisado que dejaron tras de sí.

La Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) acabó en manos del FROB en el 2011 y sus administradores, ante los tribunales. El agujero era tan grande que ninguno de los grandes bancos se atrevió a dar un paso en la puja por la entidad. El Banc Sabadell se quedó solo y le acabó tocando la lotería: un esquema de protección de activos que le permitía quedarse la maltrecha caja alicantina casi limpia, gracias al Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), dotada con los fondos de todo el sector.

Unnim , CatalunyaCaixa y Novagalicia vinieron después, ahogadas por las exigencias de mayor capital impuestas desde el Gobierno y la Autoridad Bancaria Europea (EBA). De nuevo acabaron en manos públicas antes de que la primera fuera adjudicada finalmente al BBVA y la segunda esté a punto de venderse al mejor postor, quizá el Santander.

Banca Cívica -como antes Girona-, en manos de CaixaBank; Caja Duero-España, en las de Unicaja; Caja 3, en las de Ibercaja y puede que en los próximos días se anuncie el acuerdo entre Unicaja, Liberbank, BMN e Ibercaja, otros naipes que se caen de la baraja, aunque no hayan pasado por manos públicas.

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