Mariano Rajoy se quejó en numerosas ocasiones del «optimismo antropológico» de José Luis Rodríguez Zapatero, al que acusó de engañar a los españoles con «anuncios constantes de falsos amaneceres» y de «edulcorar y mentir» ante la gravedad de la crisis económica.
Congreso 8 Rajoy se dirige a su coche, ayer, tras la reunión con su equipo económico en la Cámara baja. AGUSTÍN CATALÁN
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Sin embargo, desde el domingo, el jefe del Ejecutivo está creándose él mismo su propia burbuja comunicativa en la que no tiene cabida la palabra «rescate» y en la que se considera un triunfo para España y para el euro que Bruselas tenga que conceder «una línea de crédito» de 100.000 millones de euros a los bancos españoles. En estos días, no solo la prima de riesgo y las agencias de calificación le han amargado el relato. También las autoridades de Bruselas y algunos socios han dado un paso al frente para corregir su visión.
¿Por qué Rajoy está cayendo en uno de los errores que él mismo achacó a Zapatero y relativiza la gravedad del momento? Según uno de sus asesores, el presidente quiso el domingo vender el rescate de una manera positiva para no generar alarmismo y evitar una contracción aún mayor del consumo.
El resto del Ejecutivo está siguiendo esa estrategia, porque Rajoy es quien marca la política de comunicación, que es escasa. Su Gobierno, lleno de fieles colaboradores que le acompañaron en la oposición, sabe cuál es su estilo: si se puede no hablar, no se habla; si se puede evitar una rueda de prensa, se evita. Así, dejando pasar el tiempo, es como Rajoy libró algunas de las batallas más duras: el órdago de Esperanza Aguirre, la revuelta de María San Gil o el caso Gürtel.
El más ortodoxo
El presidente está desconcertado ante el azote de los mercados, especialmente, según explica uno de sus asesores, porque en estos primeros cinco meses en la Moncloa ha sido el «más ortodoxo de todos [los gobernantes]», ha aprobado reformas y ajustes dolorosos y ha atado en corto a las comunidades autónomas.
El Gobierno confía en que una victoria de la coalición proeuropea en Grecia afloje la presión sobre España y espera con ansia que los líderes europeos, en las próximas citas en el G-20 [adonde Rajoy viajará con su esposa] y en las cumbres de Roma y Bruselas, envíen mensajes claros de que el único camino es una mayor integración europea.
Mientras esto llega, el PP intentó ayer desviar la atención y pidió la dimisión del comisario de Competencia, Joaquín Almunia, porque considera que no defiende a España cuando asegura que el Gobierno deberá cerrar algunos bancos. Fuentes del Ejecutivo explicaron que Rajoy, que se reunirá con el dirigente europeo esta mañana en la Moncloa, no comparte la petición.