«Hace un año que estoy en paro, soy diplomada en Turismo y Empresariales, hablo inglés, francés e italiano y sigo sin trabajo». Así empezaba Mª Ángeles Ruiz la carta que escribió a EL PERIÓDICO para explicar su experiencia como desempleada. Su historia es harto conocida entre los jóvenes: buena formación, juventud y, en su caso, experiencia laboral, ya que su último trabajo antes de quedarse en paro fue en el departamento de comunicación y márketing de un prestigioso despacho de abogados. Pero ni por esas.
Información publicada en la página 4 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 27 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Tras aquel trabajo empezó la travesía por el desierto en el que se ha convertido el mercado laboral. «Cada día dedico de una a cuatro horas a revisar ofertas laborales en internet, Twitter, prensa... Pero nada», se lamenta.
Las etapas de su vía crucis son las mismas que sufren miles de jóvenes en España. Currículos demasiado buenos para el trabajo al que aspiran («Ya lo he rebajado. Tienes que hacer un ejercicio de ingenio para optar a un empleo por el que vas a cobrar menos»); sueldos de risa para su formación («Piden duros a cuatro pesetas: formación, idiomas, experiencia... total, para cobrar 16.000 o 18.000 al año...»); ofertas de trabajo «trampa»: «Te convocan para un puesto de relaciones públicas y al final te proponen hacerte autónomo para vender colchones».
«Soy muy positiva», dice de sí misma Mª Ángeles, pero confiesa que a veces resulta complicado poner buena cara. «No te sientes útil, te derrumbas y te baja la autoestima».
Objetivo: trabajar
En agosto se le acaba el paro, así que su objetivo prioritario es «trabajar». «Hasta ahora, he ido seleccionando ofertas, pero a partir de entonces me acogeré a cualquier trabajo, aunque sea de cajera de súper», explica, y añade: «Es duro acabar así después de invertir siete años en dos diplomaturas».
Lo que le toca a Mª Ángeles y a muchos como ella es apretar los dientes y seguir buscando. En el tintero quedan unos planes de boda y de formar una familia. «No me importa arremangarme, no se me caen los anillos», dice. Pero ni por esas.