Hace dos meses, Ayoub el Daidi tuvo que afrontar una difícil disyuntiva: aceptar un empleo en la construcción o comenzar un curso de la antigua Formación Profesional. Finalmente, optó por invertir en su futuro en lugar de tomar un trabajo de peón durante unos meses. "Tengo una oportunidad de futuro muy buena. Antes solo buscaba trabajar en la construcción, aunque fueran empleos de poco tiempo y algunos mal pagados. Ahora prefiero ir a clase y prepararme en lugar de trabajar en una obra", asegura este joven marroquí de 19 años.
Como muchos otros, se refugió en la construcción después de abandonar los estudios. El dinero empezó a entrar en sus bolsillos, aunque carecía de una formación básica. "Durante dos años, trabajé de albañil y en una fábrica para conseguir dinero. Ahora me arrepiento de no haber dado más en los estudios de la ESO", admite.
Mientras estudiaba primaria, todo iba bien, pero todo cambió al empezar secundaria porque era "más difícil y exigían más". El resultado fue como el de otros miles de jóvenes que no completan sus estudios. A partir de ahí empezó un periplo laboral que no siempre fue plácido, ya que llegó a trabajar por solo tres euros la hora. Las alternativas que le dieron desde el servicio público de empleo fueron poco efectivas. "Hice un curso de formación en artes gráficas pero era muy básico. En realidad me sirvió para no perder el tiempo", cuenta.
Ahora se muestra más seguro y comprometido con su futuro. Tiene claro que seguirá el camino iniciado en la escuela Andreu Llargués en un programa de cualificación profesional diseñado para repescar a jóvenes que han dejado a medias la ESO. Cuando acabe el curso, su objetivo será encontrar un empleo. Si no lo consigue, tiene un sueño. Montar su propia panadería con su familia en Larache: "Ahora veo varias puertas que se me pueden abrir", concluye Ayoub el Daidi en un catalán muy correcto aprendido en los ocho años que lleva viviendo en Catalunya.
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