La fractura de un dedo del pie, las dificultades económicas para pagarse el viaje de Madrid a Mallorca, sus 81 años de edad, una delicada salud de hierro, son las últimas excusas de José María Ruiz-Mateos para eludir su comparecencia ante la jueza de Palma de Mallorca María Pascual, que quiere interrogarle hoy sobre una presunta estafa de 13,9 millones de euros en la compraventa de un hotel. Sin embargo, la magistrada ha optado por tirar por la calle de en medio y el 31 de julio ordenó la detención del empresario, que fue arrestado ayer en su casa madrileña de Somosaguas. Horas después, atendiendo a su avanzada edad, la magistrada ordenó su puesta en libertad «por razones humanitarias» aunque no sin requerirle antes que comparezca este mediodía ante ella por sus propios medios. Es el penúltimo capítulo del peculiar culebrón que este industrial mantiene con la justicia desde que el Gobierno socialista le expropió Rumasa en 1983.
Información publicada en la página 19 de la sección de Economía de la edición impresa del día 23 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El octogenario empresario no ha tirado nunca la toalla y se ha mantenido en los negocios contra todo pronóstico. A pesar de sus juicios y alocadas comparecencias un grupo de fieles le ha seguido apoyando y así logró montar la segunda Rumasa que como la primera se ha desplomado como un castillo de naipes.
La relación de Ruiz-Mateos con la justicia se remonta a 1983, cuando fue procesado por la estafa de Rumasa. Tras una fuga a Alemania fue extraditado a España y desde entonces debe ser uno de los presos que más fianzas ha perdido porque se marchaba a visitar santuarios marianos (1987), se iba unos días a Portugal (1988) o protagonizaba una fuga en la Audiencia Nacional, cuya sede abandonó por la puerta principal disfrazado con una peluca (octubre de 1988). Su actuación más recordada fue su agresión a Miguel Boyer en los juzgados de la plaza de Castilla (1989) mientras le decía. «Yo te pego, leche», o sus apariciones disfrazado de Superman, presidiario o torero.
La coartada
Ahora, sigue sin abandonar su estilo provocador. Y para calmar a la magistrada que le acusó en julio de «reírse de la justicia» quería presentarla una radiografía de su dedo roto. Este mediodía, lo más probable es que vuelva a acogerse a su derecho a no declarar. Y es que, como dijo ayer cuando fue arrestado ea Cuatro Televisión, si «el santo gigante» Escrivá de Balaguer -del que es devoto-viviera «esta barbaridad no ocurriría». También reclamó «una huelga de hambre que el mundo se entere de la realidad de los hechos». Genio y figura.