En septiembre pasado, Magda Marès se quedó en paro. Trabajó como teleoperadora en el 061 durante un mes, un trabajo para el que tuvo que hacer una formación de tres semanas sin remuneración. No es esta una situación nueva para esta barcelonesa de 41 años, ya que desde el 2009 lleva trabajando (y, por lo tanto, viviendo) así, encadenando empleos muy temporales con el paro, entrando y saliendo del mercado laboral por periodos de tiempo de unos pocos meses, desde el 2009. Microempleos, se le llama.
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«No puedo decir que vivo en una situación de extrema pobreza, porque voy tirando con estos microempleos, pero esto no es vida», afirma. «La mayoría de estos empleos implican una formación que no te pagan y mientras la haces, no te permiten trabajar en otro sitio o pierdes la plaza», insiste.
La ayuda de la madre
Soltera y sin hijos, inquilina de un piso de alquiler, Magda se las apaña entre microcontrato y microcontrato. «Cuando no tengo trabajo me acojo a la ayuda de 426 euros y, además, tengo la gran suerte de contar con una madre que me puede ayudar, afirma. Pese a ello, hace poco realquiló una habitación «para cubrir gastos» y siempre le queda el recurso de vivir con su madre, una jubilada de 65 años.
Magda está ahora a la espera de que la vuelvan a llamar del 061. «Sé que para diciembre necesitarán gente de nuevo», afirma con esperanza, aunque no se fía. «En muchas empresas, aunque ya hayas trabajado allí y hecho la formación, no te llaman, prefieren formar a gente nueva», se lamenta.
Por eso, no deja de buscar. «Antes de enviar el curriculo tienes que tunearlo. Ahora destaco que soy teleoperadora, depende de la oferta no digo que tengo formación en mecenazgo y patrocinio. Tal y como está el mercado tienes que reinventarte tú y reinventar tu currículo», explica. No se trata de mentir, sino de «ajustar tu perfil».
Magda no se resigna y espera encontrar algo mejor y estable pero, mientras, se aferra a esos «microempleos». Que ya es mucho.