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Llegaron a Catalunya buscando convertir una aventura personal en un modo de vida diferente al que tenían. Lo encontraron en Barcelona en un negocio aparentemente sencillo: vender a clientes extranjeros con dinero la casa que buscan

El hallazgo de Lucas Fox

La inmobiliaria vende a extranjeros pisos de lujo en Barcelona y la Costa Brava

Lunes, 13 de junio del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MAX JIMÉNEZ BOTÍAS
BARCELONA
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Alex Vaughan, abogado, estaba «un poco aburrido en Londres», y decidió, junto con su mujer, cambiar de aires. Tenía 28 años y vino a Barcelona -«un poco a la aventura»- para hacer algo diferente.

JOAN PUIG

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Información publicada en la página 40 de la sección de Economía de la edición impresa del día 13 de junio de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

Stijn Teeuwen, abogado, desarrollaba proyectos para una compañía multinacional. «Pero quería vivir más tiempo fuera de Holanda y elegí España». En Andalucía emprendió su primer negocio inmobiliario, pero hace seis años cambio su residencia para vivir en Barcelona. Aquí conoció a Alex. Y juntos crearon Lucas Fox, una firma de intermediación inmobiliaria que halló un nicho de mercado con el que ha sido capaz de capear la crisis que devasta el sector: ayudan a inversores y compradores internacionales a encontrar propiedades aquí. Aquí quiere decir Barcelona, la Costa Brava e Ibiza, fundamentalmente. Y se trata de segundas y terceras residencias de alto standing. «Empezamos en un momento no demasiado bueno porque era el punto más álgido del ciclo. Pero tenemos la suerte de que encontramos un nicho que funciona bien», cuenta Alex.

Barcelona es para muchos extranjeros un ciudad a la que viajar el fin de semana. Es mejor que tener una vivienda en Saint Tropez o en Montecarlo para muchos de ellos. Explica, no obstante, que el perfil de su cliente han cambiado en los últimos cinco años. «Antes había mucha gente que quería una segunda residencia, pero ahora la mayoría de nuestros clientes compran para vivir aquí», cuenta Stijn. Se trata de empresarios que pueden elegir donde viven en Europa y deciden que Barcelona es un buen lugar. Compran para vivir en Catalunya con su familia. Son, más o menos, la mitad de los clientes de Lucas Fox. El resto busca una segunda residencia. Son personas que pueden comprar una vivienda para usarla dos o tres semanas al año. No solo en Barcelona, también en las inmediaciones

-Sitges, Castelldefels o Sant Cugat-, así como en la Costa Brava e Ibiza.

El año pasado la firma realizó operaciones por valor de 66 millones de euros. El número de transacciones fueron unas 40, lo que supone un promedio de 1,6 millones por operación. «Bueno, también hemos vendido pisos por 300.000 euros, así como una casa de 10 millones. Es una de las compraventas más grandes que se han realizado en España el año pasado, en la avenida Pearson de Barcelona», explica Alex.

En Ibiza, donde acaban de abrir una delegación, tienen más de 60 propiedades para vender por encima de los 12 millones de euros. El año pasado vendieron la casa que tenía el presidente del Circ du Soleil por 14 millones de euros.

Los extranjeros quieren pisos, pero, por lo general, prefieren casas. Eso no siempre se encuentra en Barcelona, con lo que hay que buscar fuera porque los precios son más asequibles. Y lo cierto es que hay vendedores. Matrimonio a los que la casa se les queda grande, porque los hijos han volado del nido. O simplemente, «personas que necesitan liquidez», dice Stijn.

Desde luego, demanda no les falta. El mercado de segunda residencia tiene cierto movimiento. Los extranjeros son casi el 70% de los clientes de Lucas Fox; el 30% son compradores locales. Fuera de Barcelona hay un 95% de clientes extranjeros. «Los que tienen dinero miran a España, porque hay oportunidades y los precios son ya razonables», razona Alex.

Los europeos son los principales compradores. El 20% son clientes que provienen del Este: «Gente seria, que tienen un buen negocio en su país, un banco o una empress grande... Nada que ver con la idea de que todos los rusos son mafiosos», justifica el socio holandés.

Tienen clientes y los que quieren comprar, prefieren no tener que esperar mucho. Aunque, por otro lado, hay cierta preocupación sobre el futuro de España. Que el país aparezca día sí, día también en los periódicos por el problema de la deuda soberana no resulta una buena publicidad para vender. «Algunos clientes nos dicen que van a esperar otros seis meses a ver cómo se resuelve la situación», señala Alex.

Pocos son los que esperan, a juzgar por la evolución de esta compañía con sede en Barcelona. A principios del 2010 eran ocho personas. En estos momentos son ya 18 en Barcelona, cuatro en la Costa Brava y cinco en Ibiza. Las operaciones generaron unos ingresos de dos millones de euros. «Tenemos beneficios y los reinvertimos en el negocio». subraya Stijn.

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