es uno de los efectos más palpables de la economía de crisis de los hogares: los españoles acortan los viajes estivales y se quedan más días en casa. También hay más ciudadanos que no hacen vacaciones. Son cambios de hábitos que tienen sus consecuencias en el paisaje urbano: frente a épocas anteriores en las que el parón de la actividad se notaba todo agosto, ahora las ciudades solo cierran las dos semanas centrales.
Información publicada en la página 2 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 15 de agosto de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
Aquellos que pueden viajar en verano se están entre cuatro y 11 días de media fuera, dependiendo del destino. Y la mayoría elige la época más clásica: la segunda y la tercera semana de agosto. Estos 15 días concentrarán buena parte de los viajes estivales, una tendencia que rompe con el hábito de extender las vacaciones a lo largo de cuatro meses (de junio a septiembre) y devuelve el protagonismo a agosto.
La tendencia de acortar las estancias fuera de casa ya se empezó a vislumbrar hace pocos años, pero se ha visto reforzada debido a la recesión. Los españoles, acostumbrados a viajar en épocas de bonanza y gracias a la irrupción de los vuelos de bajo coste, no quieren renunciar este año a sus vacaciones, pero limitan gastos a base de reducir días, buscar ofertas de última hora y elegir destinos próximos.
A pesar de que este año el primer día de mes fue domingo (lo que dejaba la primera semana del mes entera para empezar las vacaciones), la mayoría de los hoteles no se empezaron a llenar hasta llegado el viernes siguiente, día 6. La primera semana seguía siendo hábil para muchos trabajadores.
OFERTAS DE FINAL DE MES / La previsión del sector es que a partir del día 23 la ocupación hotelera empezará a bajar. El termómetro que sirve para comprobar este fenómeno son los mayores descuentos que aplican los hoteles y las agencias de viajes a partir de la cuarta semana del mes. Quien puede viajar en agosto, prefiere hacerlo entre los días 5 y 20, afirman fuentes del sector; mientras que quienes pueden viajar más tarde, se esperan a septiembre, cuando las rebajas son aún mayores.
En el 2009, más de la mitad de los viajes vacacionales se realizaron en agosto (11,6 millones). Le siguieron en importancia julio (22,6%), septiembre (14,9%) y junio (6,2%), según datos oficiales.
A la reducción de las estancias se suma el que los españoles «se guardan días de vacaciones para el resto del año», explica Joan Molas, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). Eso ha dado lugar a un turismo alternativo (gastronómico, cultural, de deportes, etcétera) fuera de la temporada alta. «A pesar de eso, las vacaciones estivales se concentran demasiado en agosto», dice Molas, quien opina que las empresas deberían distribuir su actividad de manera que evitaran el parón general, como otros países europeos.
Francisco Carnerero, presidente de la Associació Catalana d'Agències de Viatges (ACAV), confirma que este año hay «más contención», lo que explica que las vacaciones de muchos viajeros se concentren entre la segunda y la tercera semana de mes.
La actividad comercial es una de las maneras de comprobar que ciudades como Barcelona no están vacías todo agosto, como antaño. «Los comercios no cierran más de dos semanas, y eso si pueden hacerlas», afirma Miquel Àngel Fraile, secretario general de la Confederació de Comerç de Catalunya (CCC). La crisis ha hecho reducir las vacaciones y muchos comerciantes aprovechan para estar al pie del cañón por si hay clientes». Además, no hay que olvidar la fuerte competencia de los grandes almacenes, que permanecen abiertos todo el año. Para muchas tiendas, las vacaciones son la ocasión para realizar reformas.
Otra manera de comprobar que los ciudadanos están más días en casa son las ventas en los supermercados. Es habitual en verano que los súper de las localidades costeras aumenten su actividad. La tendencia de este año en Catalunya, sin embargo, es que los supermercados urbanos tengan más actividad, en detrimento de los de costa, constata una importante cadena. Los fines de semana se llenan las tiendas del litoral, pero los lunes están vacías.
En la Costa Daurada, una de las principales zonas turísticas catalana, la ocupación ha crecido, pero no así la facturación. «Viene mucha más gente, pero se está menos días y gasta mucho menos dinero de bolsillo», dice Joan Antoni Padró, presidente de la Asociación Hotelera Salou-Cambrils-La Pineda.
La Costa Brava también se ha visto afectada por la reducción de las estancias de los turistas. No solo por los que pernoctan menos días en la zona, sino también por los que visitan Barcelona. «El inglés que visita la ciudad solo cuatro días, ya ni se plantea ir a la Costa Brava», pone como ejemplo Martí Sabrià, gerente del Grup Costa Brava Centre.
El aumento de la actividad en agosto no es exclusivo de la capital catalana. También Girona está menos vacía, confirma la teniente de alcalde, Cristina Alsina, aunque este verano la ciudad recibirá entre el 5% y el 10% más de turistas. En el centro de Girona, ha habido un cambio radical en la última década: donde antes todas las persianas estaban bajadas ahora no cierra nadie, informa Lluïsa F. González. Según la Federación de Hostelería de Girona, no obstante, la facturación de los restaurantes ha caído un 30% en un año.
Aunque la crisis ha acelerado la tendencia de acortar las vacaciones, en el Pirineo hace más de una década que lo sufre, explica Roger Segura. Según el presidente de la Federación de Hostelería de Lleida, Juan Antonio Serrano, «si hace 10 años la gente estaba unos seis o siete días en la montaña, ahora está solo dos o tres». Los comercios son los que más han notado el cambio: «En nuestra tienda de electrodomésticos vendemos más ahora que en marzo», afirma Carles Fontova, presidente del Eix Comercial de Lleida. La actividad que pierde el destino turístico, la ha ganado la ciudad.
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