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Franco Battiato: "En España la gente protesta en la calle. En Italia ni eso, nos da igual"

El cantante siciliano, que presenta el disco 'Ábrete sésamo', asegura que dejará el sexo en un año y que la última vez que se enamoró fue hace 50 años

Destesta profundamente a Silvio Berlusconi, asegura que Joseph Ratzinger ha hecho bien en abandonar su puesto y ve intrigas y corruptelas de la CIA dentro del Vaticano

Viernes, 8 de marzo del 2013 - 19:55h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARLOS MARCOS / Roma

Le mostramos tres fotografías al músico Franco Battiato (Sicilia, Italia, 67 años) para que las comente.

Franco Battiato, en plena actuación. JOAN CASTRO

Portada del Dominical dedicada a Battiato.


En la primera se ve al Papa, Benedicto XVI, que renunció recientemente, sentado en la Plaza de San Pedro, gesto cansado, con la sombra de dos obispos cuchicheando al fondo. Parece una imagen robada de 'El Padrino III'. Franco Battiato reacciona: “Ratzinger ha hecho bien en marcharse. Lo que ocurre en el Vaticano tiene mucho que ver con la CIA. Todo lleno de intrigas. No es bueno ni sano. Hay una gran diferencia entre los místicos y el Vaticano. Los místicos, los monjes, es la esencia, la realidad. El Vaticano son intrigas y corruptelas. Alguien intenta limpiar un lugar muy sucio, pero no puede y acaba marchándose. Muy desolador. El hombre tiene que seguir su conciencia. Si no hay conciencia, tu vida no vale nada”.


Siguiente foto. Aparece Silvio Berlusconi mirando lascivamente a una joven azafata. El cantante italiano se enciende: “Es una vergüenza, una vergüenza, cómo habla, cómo se mueve... Es insoportable. Soy de tradición tibetana y creo en la compasión. Pero él es un hombre de los infiernos. Vive en el reino de las profundidades”.


Con la última foto, Battiato esboza una sonrisa. Aparece él, en los años setenta, con el pelo afro, grandes patillas, ¡sin gafas!, vaqueros ajustados y una cazadora de borrego desabrochada que deja ver el torso desnudo. Vamos, parece el rockero Robert Plant, de Led Zeppelin. Completa la imagen una inmensa cruz. El protagonista sonríe al verse a sí mismo. Y comenta: “Por aquella época rompía una cruz en los conciertos. Era un acto de rebeldía, de destrucción. Pero cambié de dirección porque era demasiado violento y no tenía que ver con la música. Tendría unos 25 años”.

Usted siempre ha abogado por utilizar cualquier cosa que abra la mente. ¿Incluye las drogas?

Depende. Porque la cocaína es una droga terrible.

¿La ha probado?

Sí, dos veces. La primera vez el resultado fue negativo y la segunda fue peor. No, no... Es una droga para gente que no tiene una gran personalidad, una droga que te da una violencia inaceptable.

Entonces, ¿qué droga considera buena para abrir la mente?

Por ejemplo la mescalina. Pero tiene un bajón terrible. La salida es maravillosa. Empiezas en un mundo magnífico, pero luego llegas al infierno.

¿Ha utilizado estas drogas para componer?

No, jamás. Es ridículo. Mucha gente en los años setenta lo intentaba. Escribía mientras estaba drogado, pero a la mañana siguiente [y hace un gesto como si tirase algo a la basura]. Se preguntaban: “¿Qué he escrito, qué es esto?” [risas]. Yo ahora prefiero meditar en la cama del hotel, delante del mar, en un monte o prisión.

¿Ha estado en prisión?

No. Bueno igual en una vida pasada. Creo en la reencarnación.

Cuidado, a lo mejor se reencarna en el próximo Berlusconi.

¡Nooo! Es imposible. Eso no, nunca. Detesto a ese hombre.

En su nuevo disco, 'Ábrete sésamo', hay muchas referencias religiosas. Sin embargo, no queda claro qué tipo de religión es la suya.

He estudiado todas las religiones: cristianismo, budismo, judaísmo, hinduismo... Y bebo de todas. En este momento estoy muy cerca del budismo tibetano, porque actualmente son los mayores místicos. Pero también estoy muy ligado a San Juan de la Cruz o a Santa Teresa de Jesús. Cojo lo que mejor veo de cada religión.

¿A quién ha votado en las recientes elecciones italianas?

En el senado, al presidente de la región siciliana. Y en la cámara, a Bersani. Los dos son de centro izquierda. La irrupción de Beppe Grillo es una consecuencia del hartazgo de la gente con la clase política. No me extraña que haya conseguido tantos votos.

La entrevista se interrumpe varias veces por llamadas y mensajes que recibe en su smartphone. "Perdone", se disculpa. Aunque el encuentro se celebra en Roma (donde la noche anterior ofreció un concierto delicioso), él vive alejado del ruido, en plan ermitaño, meditando en una apartada villa siciliana. Ríe durante la charla, es educado y elegante.

¿Ve alguna diferencia en el sentido social y político entre italianos y españoles?

Sí, claro. Los españoles están mucho más unidos que los italianos. Nosotros somos individualistas. Cuando Estados Unidos declaró la guerra a Irak, tres millones de españoles salieron a la calle para protestar contra Aznar. Ahora se está volviendo a demostrar desde el florecimiento del 15-M. Todos los días hay españoles protestando en la calle por los recortes. En Italia, sin embargo, nada de nada.

No sé si está al tanto de los últimos asuntos relacionados con la corrupción que hay en España.

Lo que ocurre es que la corrupción está en la esencia del ser humano. Todo es por culpa del dinero.

Imagínese que Franco Battiato es el primer ministro de un país europeo. ¿Cuál sería su primera decisión?

Poner impuestos a los ricos y quitárselos a los pobres. Un estado digno de este nombre debe financiar a los que no tienen la posibilidad de trabajar. En Londres viven dos amigas músicos, que no tienen trabajo, pero cobran del estado una cantidad mínima, unos 600 euros, hasta que encuentren trabajo. No importa el tiempo que tarden. Con ese dinero ellas pueden por lo menos vivir. Tiene que haber un subsidio de desempleo, siempre, hasta la muerte. Claro, alguno puede pensar que la gente se puede conformar con este dinero y no esforzarse en buscar empleo. No, porque el pueblo debe tener conciencia y ser responsable. Ocurre, por ejemplo, en Finlandia. Las familias no pagan nada. Todo lo financia el Estado. Y el Estado va dando a cada miembro de la familia un poco de dinero, para que cuando cumplan 20 años puedan tener un pequeño capital. Me parece todo muy civilizado y coherente. Deberíamos seguir el ejemplo de estos pueblos iluminados.

¿Y de dónde saca el dinero el Estado?

Una fuente de ingresos deben ser los impuestos que deben pagar los ricos. Sin duda. Conozco a algunos italianos que están estudiando alemán en Alemania y, al mismo tiempo, están cobrando un subsidio del gobierno alemán. En Italia, sin embargo, solo tenemos ladrones.

En una canción de su nuevo disco afirma que “somos esclavos”.

Pensamos que no, pero sí, somos esclavos. Esclavos de nuestros deseos, de nuestras pasiones, de nuestra imposibilidad para decir la verdad, del coche, del teléfono móvil, de las nuevas tecnologías... Somos esclavos de muchas cosas.


¿Qué rayos significa esta frase de una de sus nuevas canciones, 'Testamento'?: “Y me gusta tanto de mi vida mortal hasta el olor que le daban los espárragos a la orina”.

[Risas] Se lo explico. Los espárragos, cuando pasan a través de la orina cambian el olor. Si no lo sabes te puedes asustar: qué extraño es ese olor, estoy enfermo o qué. Pero si lo sabes, te gusta ese olor. Es un olor agradable.

Usted es de esos vegetarianos que de vez en cuando se comen un buen chuletón.

No, no. Soy totalmente vegetariano. No como ni pescado. Y desde hace unos 40 años. Tuve un paréntesis en los años ochenta. Fue una concesión a mi madre, ya que hacía la carne de una forma especial, con limón, y se perdía el olor de la carne.

¿Estaba muy unido a su madre [falleció en 1994]?

Sí, bastante. Pero teníamos nuestras cosas. Ella le preguntaba a mis amigos sobre cosas de las que yo no quería hablar [risas]. Pero sí, estaba muy unido. El asunto es que mi padre se murió cuando yo tenía 10 años, así que al quedarse sola me hizo estar más cerca de ella.

¿Por qué nunca ha tenido hijos?

Es mi destino no tenerlos. Una artista alemana dijo ante esta misma pregunta que ella era como Greta Garbo, sin casarse y sin hijos, que con ellas se rompió el molde [risas]. No me gustan los niños, la verdad. Los amo si los tengo durante cinco minutos. Pero pasado ese tiempo mejor que estén con sus padres. Y, luego, llegan esas edades difíciles de la adolescencia, cuando los niños muestran una hostilidad hacia los padres. No es fácil, no es fácil. Nunca me he sentido muy capaz de ser padre.

Tampoco se ha casado. ¿Cuántas veces ha estado enamorado?

¡Ooooooh! Cuando era joven, solo cuando era joven. Realmente la última vez que estuve enamorado tenía 18 años, con una chica un año más pequeña que yo. Era tremendo sentir la fuerza del amor, una cosa necesaria con esa edad. Debes probar lo que significa amar a otra persona. Pero después ya no me he vuelto a enamorar.

Eso significa que lleva sin enamorarse 50 años. ¿Cómo es posible?

Es así. Amo otras cosas: la vida, la meditación, los árboles, las flores.

¿Pero evita enamorarse?

No. El sexo es una cosa y el amor es otra bien distinta. En el momento en el que practicas sexo estás enamorado, pero cuando terminas ya se acaba.

Bueno, todavía le queda tiempo para enamorarse de verdad.

¿Ahora? No, es imposible. Estoy en otras direcciones. Espero seguir disfrutando del sexo, pero lo abandonaré dentro de poco, en un año.

Vaya, lo tiene muy calculado ¿Por qué lo abandonará?

Porque no es siempre tan maravilloso. Tiene un momento de felicidad, pero otro muy grande de tristeza.

Como la mescalina.

Exacto, exacto.

Leyendas que hay sobre usted: que 3.000 personas se marcharon de un concierto suyo. Verdadero o falso.

Verdadero, pero no era un concierto mío. Estaba de turista en Turquía y fui a un festival. Les dije a los organizadores que era un músico italiano y que me gustaría tocar, sin cobrar. Me ofrecieron la hora de medianoche. Los músicos que tocaban después de mí no me gustaban nada, así que pensé en una solución para que no tocaran. Empecé a tocar un sintetizador con el volumen muy bajo y cerré los ojos. A los pocos minutos los abrí y no había nadie.

Otra: se hizo pasar por un compositor americano para entrar a una catedral y tocar el órgano.

Es verdad [risas]. Eran los setenta y hacía improvisación. Quería probar aquel órgano. Cuando cerró la catedral le dije al obispo que era un músico norteamericano popular. Empecé a tocar y salió el obispo espantado porque era música improvisada contemporánea [y hace unos ruidos: puj, paj, bum]. Se creía que quería destruir la iglesia.

Y la última: que se rompió su icónica nariz jugando al fútbol.

Sí, cierto. Tendría unos 13 años. Iba a toda velocidad a la portería contraria, me hicieron una falta y ¡zas!, me rompí la nariz contra el poste. Fue terrible. Estuve 40 minutos inconsciente. Menos mal que se me quedó bien la nariz, porque es marca de la casa [risas].

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