Bajo el disfraz

Delante de Ken Hermann se remangan superhéroes y estrellas Disney. Este fotógrafo danés le ha quitado la máscara al Hollywood Boulevard de Los Ángeles

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    KEN HERMANN

    Darth Vader en pantuflas. Se llama Joe y es actor profesional.

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    KEN HERMANN

    Jabari Farrow con una bolsa de la compra en el pellejo del Chewbacca  de ‘Star Wars’.   

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    Victor Borboa es electricista y por las noches construye disfraces como este de Bumblebee (‘Transformers’). 

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    Este Superman es español: Javier Francisco.

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    KEN HERMANN

    Tobias Santiago es una institución con bigote y bastón. Lleva 15 años haciendo de Charlie Chaplin.

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    KEN HERMANN

    El Zorro del bulevar de Los Ángeles, Jordi Lluch, es español.

Viernes, 26 de febrero del 2016 - 19:10 CET

  • Milagro Aguiar, sin la cabeza de Minnie Mouse.

  • Jason es un veterano sombrerero loco de ‘Alicia en el país de las maravillas’.

Ken Hermann habla de Superman, de Spiderman, de Darth Vader como quien charla de la familia: los ha visto aflojarse el traje de superhéroe y quitarse la máscara de villano en zapatillas de estar por casa. Delante de este fotógrafo danés se han remangado héroes, dibujos animados y estrellas de cine que no terminan de comer perdices. Los descubrió en el Hollywood callejero: el Hollywood Boulevard de Los Ángeles, ese “callejón sin salida del sueño americano”, resume él.

'Behind the mask', ha llamado a su proyecto. Tras la máscara. Una decena larga de retratos con los que el danés rasca bajo la ciencia ficción. ¿Que qué hay bajo los disfraces?”. “Cosas increíbles”, responde Hermann por teléfono desde Copenhague. Bajo la sonrisa Disney de Minnie Mouse aparece una mexicana entrada en años más bien seria: Milagro Aguiar. Bajo la carrocería del 'transformer' Bumblebee, hay un electricista, Victor Borboa, que se entretiene construyendo disfraces por las noches. “Solo se disfraza los fines de semana”, explica Hermann. Chewbacca (Jabari Farrow) es estudiante, el más joven de los retratados (22 años). Tras la máscara de El Zorro hay un español: Jordi Lluch. Y otro con capa: Superman, que sin la S, se llama Javier Francisco. Probó suerte en el bulevar y terminó conociendo allí a su mujer. Tobias Santiago (Charlie Chaplin) se ha convertido en una institución con bastón. “Fue uno de los primeros personajes que aterrizó en el bulevar. Lleva 15 años”. “Cuando llegas ahí, lo primero que piensas es: ‘Oh, Dios mío, qué gente más rara”, confiesa el fotógrafo. “Algunos lo son y sueñan con hacer una película. Pero no todos”. No, no todos son futuras estrellas de Hollywood venidas a imitadores callejeros.

En un buen día, estos superhéroes callejeros pueden ganar 300 dólares en propinas

Darth –Joe– Vader es actor profesional, igual que el sombrerero loco Jason (por eso no dan sus apellidos). Solo se dejan caer por el bulevar de vez en cuando a por dinero extra. “En un buen día pueden ganar 300 dólares” [265 €], explica Hermann. “Lo que está muy bien”, se ríe. “Aunque la policía les permite estar ahí, no pueden pedir dinero, solo propinas”. Algo que la mayoría de turistas desconoce.

Hay mucha competencia entre ellos, asegura el danés. Cada personaje de película tiene 4 o 5 clones por la calle. “Es EEUU: cada segundo cuenta. Todos me decían que tenía que hacerles las fotos rápido y por la zona, porque perdían dinero cada segundo que no estaban allí”.

LA CUNA DE LA HUMANIDAD

¿Que cómo resume Hermann su trabajo? “Surrealista”, dice sin pensar. “Muchos van así en el metro”. Surrealista también es que dos de los retratados ganaran la lotería Green Card (cada año se reparten al azar 50.000 visados de residencia permanente en EEUU). Se los dieron a Jason (se mudó desde Australia hace 12 años) y a Vasyl (Thor) Litvynchuk, que vino de Ucrania y aún busca en la calle su sueño americano: ahorrar para montar una empresa de cine.

Ken Hermann, 37 años, ha llegado con la cámara al cuello hasta la cuna de la humanidad (Omo Valley, África). Sus fotos captan una belleza no normativa. Ha retratado a hombres-flores (los que las venden en la India), a mineros, a supervivientes de ataques con ácido. Fotos de impacto, pero sobre todo bellas. “En vez de mostrar lo terrible que es el mundo –dice el fotógrafo–, yo intento verlo con otros ojos”.