Alicia Giménez Bartlett, en su propio Planeta

Entrevista con la escritora ganadora del Premio Planeta por su novela 'Hombres desnudos'

"Yo no saco lo peor de mí escribiendo. Si estoy mal, me tomo la pastilla", explica la novelista

Alicia Giménez Bartlett, en su propio Planeta

RICARD CUGAT

Alicia Giménez Bartlett, en uno de los sillones del bar del Hotel Casa Fuster

DANIEL VÁZQUEZ SALLÉS

Jueves, 31 de diciembre del 2015 - 06:19 CET

Alicia Giménez Bartlett llega puntual a la cita en el bar del Hotel Casa Fuster. Lleva unas cuantas semanas recorriendo España tras haber ganado, con la novela 'Hombres desnudos', el Premio Planeta, de los pocos si no el único premio literario en el que el ganador puede hacer bolos sin tener que pedir un crédito al banco. Los viajes los paga la editorial.

El Hotel Casa Fuster está decorado al estilo modernista y en los sillones del bar descansan grandes cojines de colores variopintos que incomodan si no te pones demasiado cómodo para las normas de un hotel de lujo. Alicia y yo somos educados y mantenemos nuestras espaldas rígidas frente a un cortado y un café que nos acaba de traer el camarero. La cafeína es el mejor preludio para una conversación.

"Tengo 59 años. Nací en Almansa, crecí en Tortosa y vivo entre Barcelona y Vinaròs. Soy escritora, traducida a 14 lenguas. Estoy casada por segunda vez y tengo dos hijos y una nieta. Soy socialista. Soy más agnóstica que atea. Nunca dejaré de escribir novela negra". Así se definió usted en una entrevista que concedió cuando ganó el Nadal. Cuatro años más tarde, ¿quiere añadir algo? Pues que tengo dos nietas, que tengo 64 años, que sigo siendo de izquierdas y poca cosa más. Ah, y me reitero: seguiré escribiendo novela negra.

O sea, ¿que ha llegado adonde quería llegar? Exacto. En los próximos años voy a cambiar poco. En todo caso, voy a degenerar.

Las páginas amarillas están llenas de Giménez. ¿De dónde viene el apellido Bartlett? De mi primer marido. Es un apellido inglés. Cuando empecé a publicar estábamos aún casados y Carmen Balcells me dijo que eso de Giménez González era un lío para, como ella preveía, las traducciones en el extranjero. No le gustaba ninguno de mis apellidos y terminé con el Bartlett.

¿Cuál es la pregunta que le hacen siempre y está harta de contestar? Si me parezco a Petra Delicado.

¿Y tras ganar el Planeta? Que qué tal me llevo con el finalista.

¿Qué tal se lleva con el finalista? Que conteste él.

¿Por qué escribe? Es una maldición. Desde antes de saber leer y escribir le pedía a la gente que me contara cosas.

"Escribía e iba guardando textos y, antes de morir, mi madre me enseñó un cajón lleno con todos los escritos que había ido guardando. Naturalmente, alguno me horrorizó"

¿Y en alguno encontró el futuro sello Bartlett? No. Era pura basura. Me entró tal agobio que lo tiré todo.

¿El destino? Sí. Es horrible. Escribía e iba guardando textos y, antes de morir, mi madre me enseñó un cajón lleno con todos los escritos que había ido guardando. Naturalmente, alguno me horrorizó.

Podía haberlo guardado para una futura fundación Giménez Bartlett. Si existiera una futura fundación no quiero que se lean escritos tan sensibleros.

En un mundo dominado por los eslóganes, ¿cómo se vendería? Es jodido, ¿eh? Bueno.. “La literatura antes que cualquier cosa”.

Cuando tiene dudas de lo que está escribiendo ¿a qué recurre? Había escrito aquí, al lado: "Si es droga dura, no hace falta que se confiese". Recurro al tiempo. A dejarlo, y a volverlo a coger un tiempo después. No sirve de nada dejárselo a alguien para que lo lea, ni tampoco estimularte. A veces me siento desvalida, y me gustaría que el oficio de escribir fuera colectivo, pero no es así. Pero es un oficio solitario, un examen que pasas continuamente, y estás tú y nadie más.

¿La familia molesta a la hora de escribir? La escritura te abstrae de la realidad, la familia te devuelve al mundo de las facturas. Ahora mi familia es muy limitada. Tengo un marido, dos perros y dos gatos, y soy muy disciplinada mentalmente. Mientras me dejen mis horas... La verdad es que soy muy libre. No tengo padres a los que cuidar, ni nietos que estén a mi cargo.

¿Qué autores le influenciaron a la hora de escribir? De Torrente Ballester hizo la tesis cuando vino a cursar el doctorado a Barcelona. ¡Buff!

"La novela sirve para contar la sociedad que nos rodea y analizarla. La sociedad actual parece pura fachada: todo el mundo llora, se abraza. Es un asco"

Habrá algún autor o autora que le marcara en la adolescencia. Uno del que dijera: "Quiero escribir como él o ella". Me gustaban Chesterton y Shakespeare. Parece una pedantería, pero usted me ha obligado a confesarlo. Yo llegué de jovencita a las tragedias de Shakespeare y pensé: “Aquí está todo”. Con el paso del tiempo, Chesterton se me ha caído más de las manos. Las novelas de antaño, como, por ejemplo 'La montaña mágica', de Thomas Mann, tienen pensamiento, algo que con la novela actual parece que se esté perdiendo. La novela sirve para contar la sociedad que nos rodea y analizarla. La sociedad actual parece pura fachada: todo el mundo llora, se abraza. Es un asco.

Y se mandan emoticonos sin cesar como quien manda flores en primavera. Un espanto.

¿Y de los modernos? Sobre todo, los judíos norteamericanos: Philip Roth, Henry Roth, Saul Bellow... Me gusta la capacidad de autoparodia que tienen todos esos autores.

A lo largo de su carrera, ¿alguna vez pensó en tirar la toalla de la escritura? Jamás. Si no escribo me pongo de muy mal humor. He escrito novelas que he vendido poco, pero, incluso en esas circunstancias, siempre logré tener un pensamiento positivo: “No publicaré, pero continuaré escribiendo”.

¿Cómo es su proceso de creación? Trabajar y trabajar. Este es un oficio como cualquiera. Y, sobre todo, tienes que entender muy bien el sufrimiento y empatizar para poder escribir. Aunque duela. Si no entiendes eso, no entiendes muchas cosas a la hora de escribir. A mí, que no soy imaginativa, me resulta fundamental.

Pero inventa historias. Ya, pero no soy imaginativa. En todo caso, observadora y empática. En las cosas que escribía de niña nunca había un pájaro mágico. Lo que hay que ver es lo que es materia narrativa y lo que no lo es. Ese es el proceso de creación. Tengo que reconocer que tengo muy mala memoria visual, por eso no hay descripciones físicas ni paisajísticas en mis novelas, porque soy mala con los ojos. Soy buena con el oído, recuerdo la voz de la gente, y eso se plasma en mis diálogos.

Sus diálogos son buenos. Sí.Todas las capacidades físicas influyen en lo que haces, incluso en el escribir. Esto le ha gustado, ¿eh?

Sí. Me ha gustado. Se lo voy a copiar por si un día me hacen una entrevista. En un encuentro con tuiteros, le preguntaron: “¿Cuánto hay de autobiográfico en sus libros?”, y usted contestó que “solo las escenas de sexo y violencia”. ¿Fue una ‘boutade’? Sí. No solo con tuiteros, también me he encontrado con periodistas que con un libro subido de tono me han preguntado: “¿Qué partes son autobiográficas?”, y les he contestado lo mismo.

Podía haber añadido: tengo cinco o seis cadáveres en casa. Nada que no se pueda soportar.

"Estoy en contra del feminismo que está en contra de los hombres. Mi feminismo es racional. El 50% déjemelo a mí, que ya me organizaré. El resto me da igual"

Le entregaron el Premio Carvalho "por haber renovado la novela policiaca española aportando una perspectiva femenina y feminista que ha sido pionera en este ámbito". 'Una habitación ajena' le dio el sello de escritora feminista ¿Es usted feminista? Estoy en contra del feminismo que está en contra de los hombres. Los extremos siempre me han jodido, porque hay muchas injusticias y chorradas. Mi feminismo es racional. El 50% déjemelo a mí, que ya me organizaré. El resto me da igual.

¿La escritura es, para usted, como ir al psiquiatra? Estoy en contra de esa teoría. Absolutamente. Las terapias tienen que ser químicas. Yo no saco lo peor de mí escribiendo. Si estoy mal, me tomo la pastilla. De no ser así, escribir sería como dar la paliza a un amigo cuando te deja la novia.

Se la considera la escritora negra por excelencia. ¿Le gusta? ¿Le cansa? No me molesta. En una entrevista me preguntaron: “¿Qué tal le parece ser la gran dama negra?”. Y yo contesté que prefería ser la gran dama negra que la gran puta blanca. Fue por teléfono y estaba en un restaurante. A mi marido se le cayó el cubierto.

Petra Delicado le ha dado fama y tranquilidad, una receta perfecta. ¿Está harta de Petra Delicado? De momento, no. Ese personaje me ha permitido hacer lo que me da la gana. El día que me canse la dejaré y la meteré a monja. Eso sería un puntazo. Los alemanes se quedarían acojonados. “Tipical spanien”.

¿Le gustó la serie protagonizada por Ana Belén y Santiago Segura? Le quitaron el sentido del humor. Ana Belén es trágica. Pero no me quejo. Cobras y te callas. Si quieres fidelidad, cómprate un perro.

¿Por qué cree que gusta su literatura en el extranjero? No tengo ni idea. Me lo he preguntado muchas veces. Que se rían igual y en el mismo momento los finlandeses y los italianos es un misterio. Pero a los lectores extranjeros les debo haber sido reconocida en España.

¿Los escritores son un poco como el personaje de Javier, de ‘Hombres desnudos’, prostituidos por necesidad? Más que por la necesidad económica, por la necesidad de gloria.

¿Iría a comer con sus lectores? Si. Lo hago a menudo. Y mi táctica es dejarles hablar. Necesito más oír que hablar.

¿Hubiera existido ‘Hombres desnudos’ sin la crisis? No. La crisis es la espoleta que hace saltar todos los resortes de la historia.

¿El sexo sin amor está infravalorado? Absolutamente. Sobre todo por las mujeres, aunque ahora nos estamos espabilando. Un buen polvo está bien sin tener la necesidad de dar tu corazón.

Una pregunta tipo El Loco de la Colina: ¿La fama, para usted, es tener que retirarse a vivir a Vinaròs? La fama dura cuatro días. Todo es más simple. Yo tenía el sueño infantil de tener una casa en la que pasear a mis perros, y punto. Además, la zona del bajo Ebro me gusta. El secarral, los olivos, la tierra dura, el viento huracanado.

¿De cuál de sus novelas estás más satisfecha? Cuando las acabo, de ninguna, pero me gustó 'Días de amor y engaños', a pesar de que fuera un fracaso morrocotudo. Los críticos me pegaron muchos palos, pero ese es el juego. Escribir es como falsificar moneda. La perfección que te has planteado antes de afrontar una novela no la llegas a poder plasmar nunca sobre el papel, y el buen crítico es aquel que ve la manchita en el billete falso y te obliga a pensar.

¿Tiene amigos en el mundo literario? Sí. La época de las grandes rivalidades entre escritores, por suerte o por desgracia, ha terminado. Yo formo parte de un grupo de escritoras que nos reunimos habitualmente. Cristina Fernández Cubas, Mercedes Abad, Flavia Company y Olga Merino. Nos leemos las unas a las otras, cenamos, no hablamos de literatura y nos reímos mucho con asuntos mundanos. Creo en la amistad entre escritores. Soy amiga suya, ¿no?

Sí. Eso espero.

La conversación se detiene. El camarero llega con dos copas de cava por encargo de Laura Franch, directora de Comunicación del Grupo Planeta. Brindamos.

"Me jode lo políticamente correcto. Si veo a alguien que lo practica, inmediatamente me apetece decir una babaridad. Quizás esa sea la última rebeldía que me queda"

Tiene fama de decir siempre lo que le da la gana. ¿Es cierto o cree en lo políticamente correcto? Me jode lo políticamente correcto. Si veo a alguien que lo practica, inmediatamente me apetece decir una barbaridad. Quizás esa sea la última rebeldía que me queda.

¿Qué es lo que le importa nada o casi nada? Aún me importa casi todo.

¿Le interesa la política? Mucho. A veces, cuando leo un periódico, me entran ataques de indiferencia porque sé que la noticia siguiente será más bestia. Pertenezco a una generación politizada.

¿Cómo ve la situación en Irak? La tercera guerra mundial ya está aquí. Los europeos habíamos perdido la ideología, y, de repente, tenemos múltiples enemigos en casa. Las clases sociales siguen existiendo.

¿Y la de España? Confusa. Entiendo mejor la situación de Irán que la nuestra. En Catalunya, por ejemplo, que un partido como CiU salga al balcón para proclamar “la República del Congo” me parece casi como una película de Bardem.

¿A qué político no le daría la mano? Se la daría a todos. La educación te corta las alas.

¿A quién no le gustaría imaginarse con un libro suyo en las manos? Me daría igual.

¿Es temerosa o temeraria? ¿Cancelaría un vuelo a París después de un atentado? Jamás. Soy fatalista. Si toca, toca. Creo que el destino está escrito.

¿La palabra 'merde' es una palabra de futuro? La llevaba bien visible el día que le dieron el Premio Planeta. Me encantó. Es una rebeldía de colegio. Una tontada que estuvo bien, y a medida que me iba acercando a las autoridades y veía su cara de horror, pensaba que ese rato no me lo iba a quitar nadie.

Una última pregunta: ¿Por qué eligió a dos perros rotweiller como animales de compañía? Tienen mala fama. Los golden, en cambio, tienen aspecto de elfo y quedan mejor en las fotografías. Mis rotweiller murieron. Ahora tengo dos dogos de Burdeos. Me gustan los perros potentes, fuertes, pero les mimo tanto que los amaricono como caniches. Lo bueno de esos perros es que me mantienen alejada a la familia y a ciertos amigos. Ja, ja, ja.

Si no existiera Alicia Giménez Bartlett, tendríamos que inventarla.

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