Cuando en 1906 la familia Marsans mandó construir al arquitecto Juli Mariné la que sería conocida como la Casa Josepa Marsans i Peix, lo hizo para utilizarla como segunda residencia. Pero pronto se convertiría en el hogar de decenas de personas...
Información publicada en la página 52 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 23 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La familia fundadora de la agencia de viajes y de la Banca Marsans mandó construir este emblemático edificio, que se encuentra subiendo por el paseo de la Mare de Déu del Coll, tras una puerta de hierro forjado. En el inmueble principal, al que se accede por un camino recubierto de vegetación, destacan las tejas exteriores, que reflejan la luz solar.
Pero lo que quizás llama más la atención es su interior, que combina el estilo modernista con detalles neomoriscos, en un ambiente que bien podría transportarnos a la Alhambra de Granada. Aquí, la planta cuadrada del edificio se organiza alrededor de un pequeño patio interior, formado con arcos de diseño neoárabe, columnas y suelo de mármol blanco, que lucen al entrar la luz a través de los colores vivos de la cristalera del techo. Las paredes, con los típicos tonos azules, rojos y dorados de los grabados moriscos, contienen, para no dejar dudas de su carácter arábigo, inscripciones en relieve de Alá es el más grande.
Sin embargo, si su decoración llama la atención, quizás lo hace más su historia. La Casa Josepa Marsans i Peix fue expropiada durante la guerra civil española, pasó a convertirse en hospital y, poco después, en cuartel militar. Pero pronto se utilizó como residencia de huérfanos de la segunda guerra mundial. Así, «acogió a decenas de niños de Alemania y Polonia», explica David Barrera, director del Alberg Mare de Déu de Montserrat. De hecho, frente a las escaleras de la entrada, en el jardín, hay una placa conmemorativa de este hecho.
Los niños llegaron a la Residència Vallcarca de Barcelona --actual Alberg Mare de Déu de Montserrat-- entre 1946 y 1956, en diferentes turnos. En total, fueron unos 130. Estos pequeños, de entre 2 y 12 años, venían de una región de Polonia considerada por los nazis germánica y una de las cunas de la raza aria.
Aquí, y gracias a la mediación de Cruz Roja, fueron acogidos en Barcelona por la delegación del Gobierno polaco en el exilio.
Gracias al impulso del consulado polaco, la Residència Vallcarca se convirtió en la Escuela Pública Polaca. Con los años, algunos de esos niños pudieron volver con sus familiares, mientras que muchos otros fueron trasladados a otros países, la mayoría a Estados Unidos, para poder continuar con su vida y olvidar la barbarie de la guerra. Hasta una veintena de ellos participaron en el acto conmemorativo del 6 de diciembre del 2008, organizado por la Generalitat de Catalunya.
Desde entonces, «el consulado de Polonia celebra una fiesta de Navidad en el albergue», apunta Barrera. Incluso, tal y como recuerda Barrera, «muchos de esos niños vienen en visita privada al albergue, a recordar, junto a familiares y amigos, su infancia en Barcelona. Ellos nos han explicado, por ejemplo, que donde ahora tenemos una pequeña sala de estar, antes había una capilla».
Y es por este tipo de detalles que «la historia de los albergues es un valor turístico y cultural en sí mismo, tal y como demuestra el gran interés que despierta el Alberg Mare de Déu de Montserrat entre los visitantes», según señala el director general de la Agència Catalana de la Joventut, Jordi Boixadera.