Un alumno del instituto Juan Manuel Zafra repasa nervioso sus notas frente a un aula. Está a punto de presentar su trabajo de investigación de bachillerato previo a la selectividad. La escena se repite en varios pasillos del centro. Estos estudiantes tienen el privilegio de prepararse para entrar en la universidad en un edificio cuya valiosa huella modernista imprime un cierto aire de majestuosidad a la calle de Rogent, sin olvidar la vocación obrera con la que se construyó hace un siglo. La inscripción de cerámica vidriada sobre la puerta de entrada es testigo del origen del hoy instituto de secundaria: Escuela Municipal de Artes y Oficios. Esculpidos en piedra, a mano derecha del cuerpo central, aparecen los nombres de los arquitectos, Pere Falqués --autor de las características farolas del paseo de Gràcia-- y Antoni Falguera, así como el año de la inauguración, 1911.
Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 01 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La idea inicial para el edificio proyectado en la que entonces era la calle de Bogatell fue acoger a mujeres sin empleo a las que la pobreza arrastraba a enfermedades en muchos casos contagiosas. «El albergue del barrio de Santa Caterina no era suficiente», explica la historiadora Margarida Barjau, profesora del IES Juan Manuel Zafra desde hace 26 años y vecina de Sant Martí. El proyecto se encontró con la oposición del barrio del Clot por miedo a las epidemias. «En aquella época, cualquier cosa era motivo de contagio», destaca. Finalmente, ante la necesidad de hallar ubicación definitiva para la Escuela de Artes y Oficios Agrupación Cultural Francesc Aragó, itinerante desde su fundación, el edificio se destinó a la formación, sobre todo de trabajadores textiles. El albergue de mujeres pobres se llevó a la parte baja de Poblenou.
Barjau subraya el aspecto «de mas o de fábrica» de la fachada. El ladrillo rojizo de obra vista es herencia del Manchester catalán, denominado así por el peso industrial de la ciudad británica. Esa estética fabril se mezcla con «reminiscencias del primer modernismo llamado arcaico que se inspiraba en la arquitectura medieval», explica la historiadora. Un vistazo a los arcos escalonados de las ventanas, el trencadís --fragmentos de cerámica unidos con argamasa-- y el hierro forjado delata la influencia de Gaudí, Puig i Cadafalch o Domènech i Muntaner, este último profesor de Falguera.
El verde del mosaico remite a la naturaleza y un elemento floral muy presente en el edificio resume el arte y el espíritu del mismo. «La rosa simbolizaba el estallido del modernismo y del socialismo», destaca la profesora. Un símbolo que da la bienvenida a los alumnos en cuanto se aferran al pomo de la puerta --vale la pena detenerse a observar sus pétalos-- y que se repite en las terrazas con nuevas rosas de hierro forjado a modo de semibarandas. Esa ornamentación «es un homenaje», destaca Barjau, «a las mujeres obreras y también a los socialistas utópicos».
El centro nació en 1892, en la calle Muntanya, como Escuela de Artes y Oficios de Sant Martí de Provençals. Pasó por varios locales, incluido el Ayuntamiento de Sant Martí primero y la sede del distrito tras la anexión. En 1904 tomó el nombre del físico y astrónomo Francesc Aragó, ministro interino de la república francesa que defendió el sufragio universal y abolió la esclavitud, y en 1911 se instaló en el edificio de Falqués y Folguera, ampliado en 1912 y en 1972. El nombre del ingeniero Juan Manuel Zafra lo adquirió en 1954 cuando, durante el franquismo, dejó de honrar a Aragó.
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