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Una cena a ciegas

Un restaurante ofrece ágapes a oscuras para que los comensales experimenten lo que siente un invidente

Camareros que no ven sirven y guían a los clientes en una sala sin luz

Miércoles, 5 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JORGE VALERO BERZOSA
BARCELONA

«There is no darkness, but ignorance». Con esta cita de Shakespeare en la pared, el restaurante Dans le noir?, situado en paseo de Picasso 10, da la bienvenida a sus comensales. No es un restaurante más, hay algo que lo hace único en España: las cenas son ofrecidas en absoluta oscuridad. Alguno dirá que no puede ser cierto. ¿Qué pensará si además le dicen que la mitad del equipo está formado por invidentes?

A cenar 8 Los comensales se dirigen a la sala oscura en la que van a cenar sin soltarse para orientarse. ELISENDA PONS

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Información publicada en la página 40 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 05 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Nadie se está inventando nada: Dans le noir? es una empresa privada que abrió su primer establecimiento de cenas a oscuras en París en el 2004. El grupo, presidido por Eduard de Broglie y dirigido por Didier Roche, invidente, tiene un objetivo claro: la integración de discapacitados en el mundo laboral. El buen acogimiento de la idea se ha demostrado por la expansión que ha sufrido el proyecto. Actualmente, hay restaurantes Dans le noir? en Londres, Barcelona, Moscú y Nueva York.

«La razón principal de nuestro trabajo es mostrar que aquellos a los que nosotros llamamos discapacitados no lo son. Queremos demostrar, y pienso que lo conseguimos, que son realmente capaces», comenta Maité Sutto, quien junto a su marido Cristophe Sutto dirige el establecimiento de Barcelona.

Comer a oscuras -o al menos intentarlo- hace que uno experimente lo que siente un invidente. Al entrar en el lóbrego comedor, la inseguridad es la primera sensación que se adueña del comensal. Le sigue la pérdida de las nociones de tiempo y espacio. Aunque las cenas duran unas dos horas, hay clientes que aseguran no haber pasado más de una dentro del salón.

Y en el seno de la oscuridad, el giro de los roles: los camareros, invidentes, pasan a ser los guías, ellos conducen al cliente durante el rato que su sentido de la vista está inoperativo. «¡A veces llego a olvidar que no ven! -asegura Sutto- Eso constata sus extraordinarias capacidades y buen hacer».

Cuando uno empieza a cenar, tiene esa extraña sensación de sospechar que está comiendo aunque sea incapaz de precisarlo. Se recuerda un sabor, pero acertar el plato es misión imposible. La directora del establecimiento informa que se trata de una pérdida de la memoria olfativa.

Para los paladares más exigentes, Dans le noir? ofrece también catas de vino y queso. Bajo el lema In obscuritate vini veritas, el sumiller da a probar diferentes vinos blancos, rosados y tintos. «De las personas a las que servimos -añade Sutto-, solo un 10% acierta el color del vino. ¡Hasta los enólogos yerran!»

Al acabar la cena, que cuesta desde 34 euros por persona, los comensales son acompañados al exterior. «Mirad al suelo, la repentina luz os impedirá ver», dice el guía. ha sido una experiencia diferente. Los que la prueban se preguntan: «Y ahora, ¿quién es el discapacitado?»

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