Barcelona tiene un parque donde las rosas se han instalado con todo su poderío. El parque de Cervantes está asociado al aroma, al color y a la imagen de esta flor, a la que incluso se le pueden perdonar las espinas. La entrada principal de este pulmón verde está situada en la avenida de la Diagonal, 708, en un punto donde Barcelona se disputa la frontera con otros municipios. También se accede por la Ronda de Dalt. Por cualquiera de las entradas se puede disfrutar de un lugar con una excepcional tranquilidad.
Información publicada en la página 50 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El parque es un espacio señorial que pertenece al barrio de Pedralbes, en el distrito de Les Corts. Los árboles predominan en un bellísimo entorno creando zonas de sol, para calentarse en las mañanas de invierno, y de sombra donde refrescarse en las calurosas tardes de verano. Olivos, castaños de Indias, cedros del Himalaya, tilos, adelfas y otras especies procedentes de la lejana Siberia forman un catálogo de especies que casi convierten el jardín en botánico. En total, casi una treintena de especies arbóreras que crean una frondosa vegetación.
Fácil acceso
Tiene grandes zonas de césped y anchos caminos que hacen las delicias de ciclistas y otros deportistas que han elegido este lugar para poder rendirle culto al cuerpo. Para aquellos que no les gusta mucho el ejercicio, la forma más cómoda de recorrer el parque es entrando por la Ronda de Dalt ya que el camino hace bajada (si se entra por la Diagonal hay que subir). De todas formas, se pueden contar con los dedos de la mano los tramos de escaleras que hay para salvar los desniveles.
Hay zona de picnic, otra con mesas de pinpón y un área de juegos infantiles. Sandra, de 2 años, la nieta de Ferran Mendo, pasa muchas mañanas respirando un aire que aquí se intuye más puro. «Me gusta este entorno apartado del ruido del tráfico. Aquí hay tranquilidad y se divisa una buena panorámica de Barcelona», apunta Mendo. Cerca de él,Carles Sanchis se dispone a hacer su ejercicio diario dando unas vueltas por el recinto. «Este sitio es muy sano y da gusto respirar», dice.
El arte también tiene protagonismo en este gran pulmón verde de la ciudad con dos monolitos de piedra. Uno, lleva la firma de Jaume Monràs, y está dedicado al escritor Àngel Ganivet, y el segundo monolito, realizado por Juan Díaz de la Campa, rinde homenaje a la también escritora Concha Espina.
El parque está ubicado en los terrenos que antes ocupaba el torrente Estela. Tiene una superficie más que respetable: 7,16 hectáreas, de las que 4 corresponden a la rosaleda, «un lugar único y uno de los más bonitos de Barcelona», se recoge en folletos turísticos. Aquí se puede observar una magnífica colección de más de 10.000 rosales de unas 2.000 especies que según afirman los expertos «en época de floración permiten ver unas 150.000 rosas abiertas a la vez». En la entrada por la Ronda de Dalt recibe al visitante una gran pérgola con más de 200 especies de rosales trepadores.
Todo este culto que se rinde a las rosas ha fructificado en un concurso internacional de rosas nuevas que se celebra cada mes de mayo desde el 2001 y que ha permitido renovar el vínculo entre la ciudad y estas flores. Ya entre los años 1929 y 1936 se celebraban certámenes en el palacio de Pedralbes. Y en la década de los 80 del siglo pasado hubo un concurso de rosa cortada.