Igual que la cabra siempre tira al monte, quien ama a su pueblo busca en una gran ciudad como Barcelona los rincones que le recuerdan a su pequeña localidad. Eso es lo que le sucede a compositor Èric Vinaixa. El músico creció en la Ribera d'Ebre, entre Miravet y Móra d'Ebre, donde vivió infancia y juventud. Calles estrechas, portales de madera y pequeños balcones del barrio de Sants donde ahora vive le ayudan a refrescar a diario «ese punto de pueblo tranquilo» que tan bien conoce y añora.
Información publicada en la página 53 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 12 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Recuerdo las primeras veces cuando vine a esta ciudad en tren», explica el músico y compositor, que lideró el grupo de rock Rodamons, antes de emprender su actual carrera en solitario. «La ciudad, para gente como yo que veníamos de pueblos muy pequeños, era la capital, la ciudad de todas las posibilidades», puntualiza. «Pero también era el lugar donde nadie se saludaba ni se miraba a los ojos», añade.
Hoy, tal vez todavía continúe percibiendo esa atmósfera más fría de la capital, en su día a día como barcelonés de adopción, pero él sigue ejerciendo la costumbre de los pueblos. Saludos en la calle, aunque sea a los desconocidos y los buenos días a quien se acomoda en el asiento de al lado en cualquier transporte público. «Un libro o una manera de hablar, un acento diferente, me bastan para iniciar una conversación. No la dejo escapar», asegura.
Sants y Montjuïc
Èric Vinaixa ha construido casi una forma de vida sobre su pasión: la trayectoria de clásicos del rock como Queen y Freddie Mercury, Beatles, David Bowie, Sting... Las fechas importantes para estos personajes lo son también para él. «En el año 90, cuando se cumplían 10 años de la muerte de John Lennon, yo vine por primera vez al Saló de la Infància. Tenía 13 años y vine con los chicos del pueblo», rememora Vinaixa, que relaciona siempre sus vivencias con días y años de acontecimientos relacionados con la historia mundial del rock.
El músico era un tímido empedernido. Todo lo que tiene hoy de abierto, antes de los 15 años fue clausura en su interior. Pero eso, lo cambió una guitarra. «Me fui de colonias y me llevé la guitarra conmigo. Siempre que podía, me escapaba solo a tocar, pero empezó a venir gente y, de repente, sentí que, con la música, generaba empatía», explica.
Así empezó su carrera como amateur. Y fue en el bar Tinta Roja de Sants donde grabó, junto a su banda, Rodamons, su primer vídeoclip promocional. Y también en otro local de Sants, La Báscula, celebraron su primer concierto, «el 26 de julio del 2002», precisa.
Ahora, después de un verano de conciertos en Foixà, Ultramort, Barcelona, Tortosa, Sitges, Móra d'Ebre y Pinell de Brai, entre otros lugares, el músico ha retomado sus actuaciones en la intimidad de otro de sus rincones favoritos y más frecuentados en las noches de Sants: el bar Lunàtic. En él, los martes, miércoles y jueves a las once de la noche, rememora en directo a las viejas glorias musicales cuyas letras y melodías ponen y seguirán poniendo la piel de gallina, emocionando al público sin poder ni querer evitarlo.
Combinados con un buen whisky y un público muy cercano, a media luz, le permiten a este vecino de Sants repasar los «clásicos musicales intercalando anécdotas sobre sus autores, entre canción y canción», cuenta Vinaixa, que, además de cantar, toca el piano, el chelo y la guitarrra y es autor de La famosa gemma de Galveston, su primer disco en solitario. Ahora ya piensa en el siguiente. «El próximo no será tan intimista», avanza.
Sillas al fresco
Mientras en la oscuridad de las noches de Sants, hay un lugar donde suena siempre música en directo, «de los pocos locales en Barcelona donde se puede escuchar», durante el día, y especialmente en los atardeceres de este barrio con «muchos Sants diferentes dentro», detalla Vinaixa, refiriéndose a la arquitectura, en el Sants con ADN de pueblo, hay también algo rescatado en el tiempo. Son las sillas que algunos vecinos sacan a las aceras, frente a sus portales, para aprovechar el fresco de las horas sin sol. «Cada vez se ve menos, pero aún lo encuentras, y a mí me encanta ver a la gente charlando sentada en sus sillas», dice
Es casi como si se hubiera subido al tren y bajado después en Móra la Nova, pero sin haberse movido de Sants. «Yo también podría vivir en Sarrià, Gràcia, Horta o Sant Andreu, porque, al fin y al cabo, en esta ciudad donde me encuentro más a gusto es en antiguos pueblos como Sants».
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