Quico Tur es, desde el 2003, el número uno de la clasificación español de tenis sobre silla de ruedas. Ha ganado cinco campeonatos de España y cinco masters nacionales, ha participado en los juegos de Atenas (2004), Pekín (2008) y Londres, del 29 de agosto al 9 de septiembre pasados. Pero, en Sant Andreu, este atleta sigue siendo mucho más conocido como el sobrino del Forn de Can Tur y el hijo de Dolors de Gioca, la tienda de ropa de la que su madre fue la encargada durante años. «Aquí en el barrio no soy el Quico tenista. Esto es un pueblo. A mí todavía alguna vez se me escapa decir 'Vamos a BarcelonaSSRq», afirma el vecino.
Plaza del Mercadal Sus rincones como futbolistaQUICO TUR ESTUDIABA EN LA SAGRERA Y, AL ACABAR SUS CLASES, DEJABA LA MOCHILA EN LA TIENDA DE SU MADRE Y DESAPARECÍA CON LA PELOTA DANNY CAMINAL
Información publicada en la página 54 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 31 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
A los 19 años, Tur repartía el pan que hacía su tío en la panadería, en la que celebraban turadas en ciertas fechas del año. Eran encuentros aster de la docena de primos con el mismo apellido y todos los tíos. «Lo hemos hecho hasta hace poco. Era bonito porque lo hacíamos en días de mucho trabajo en la pastelería y así, antes de la comida juntos, todos echábamos una mano», recuerda.
Acostumbrado a volar hacia sus campeonatos de tenis en cualquier país del mundo, a Quico Tur le encanta, a su regreso, recuperar ese ambiente casero, en el barrio. «Cuando vuelvo, siempre me tomo una mañana para pasear y comprar en el mercado embutidos, legumbres y carne. Me gusta hacer barrio y reencontrarme con mi calle, pacer por Sant Andreu», expresa el vecino.
Nuevos horizontes
Quico Tur va en silla de ruedas porque a los 21 años tuvo un accidente, en Sant Andreu, y sus piernas se desconectaron. Pero no su vida. A partir de entonces, y tras una progresiva recuperación, física y anímica, sus horizontes volvieron a tomar perspectiva, y mucha. «La silla de ruedas me ha dado mucha vida. No me ha impedido lograr lo que he conseguido. Me ha dado libertad», puntualiza el tenista. «Yo antes era futbolero, pero nunca hubiese pensado en unos Juegos Olímpicos -apunta-. Y hoy ya he ido a tres competiciones mundiales».
Los valores y su predisposición deportiva dibujaron un nuevo y prometedor futuro para este santandreuenc, algo que anteriormente había tenido muy poco claro. «Mi mundo de antes, en realidad, era muy limitado. No tenía buenos trabajos porque no estudiaba. Aunque había empezado a prepararme para las oposiciones de bombero, pensaba mucho en el fútbol, en motos y en salir de juerga», reconoce.
Pero, «en la segunda temporada de mi vida», como la define él mismo, «después de tres meses en el Hospital Vall d'Hebron, en una habitación con seis camas -aquello fue una terapia increíble, un Polseres vermelles de verdad-.Toqué fondo. Dejé de valorar cosas que antes valoraba, que creía que era importantes, y pasé a valorar lo que nunca antes había apreciado», afirma.
«Ahora hago muchas más cosas, y también en el barrio siento que he ampliado mi radio de acción. En los pisos de los amigos que no tienen ascensor, ellos me ayudan a subir, pero en la calle, yo me espabilo. Sant Andreu ha ganado mucho en los últimos años. Y, en cuanto a movilidad, yo apruebo a Sant Andreu y apruebo a la ciudad de Barcelona», declara Tur, que también ha competido profesionalmente como esquiador.
Límites, pero no miedos
En esa nueva etapa de su vida, Quico Tur pudo independizarse. «Mi casa, en Sant Andreu, y mi coche adaptados me han permitido hacer vida independiente. Soy un discapacitado con mucha suerte. He podido practicar rafting, competir esquiando, ir en moto, me he tirado en paracaídas... Sí tengo límites, pero no miedo», asegura. «Y es sorprendente cómo el cuerpo, después de todo, puede llegarse a adaptar, desde el sistema digestivo hasta tu mente y tu nueva manera de ver la vida», añade, pensando ya en los Juegos Olímpicos de Brasil, en el 2016. «Antes tengo que seguir ganando campeonatos de España y masters nacionales».
Cuesta mucho avanzar en las calles de Sant Andreu sin que alguien no se pare a saludar a Tur. «Esto es un pueblo que engancha mucho, y con mucho sentimiento. Es ese sentimiento andreuenc lo que hace a Sant Andreu más que un barrio», formula el vecino, un habitual en el centro social La Lira. «Allí nos encontramos los amigos de toda la vida. Vivimos mucho la fiesta mayor. Tener una iglesia, un ayuntamiento, el hospital, una estación de tren... Todo eso le da mucha personalidad a nuestro barrio», considera Tur, un deportista de élite que, «sin el patrocinio de la Fundació Jesús Serra -destaca-, no hubiera podido competir como tenista».