Educadora. Preside la coordinadora d¿entitats d¿horta.
Muy de barrio Implicada en el movimiento de las entidades de Horta, Rosa Vallhonesta las representa desde su federación. Se define como una 'hortenca' de toda la vida.
De Horta de toda la vida. Como sus padres, abuelos y bisabuelos. Es lo único que manifiesta con algo de orgullo esta mujer modesta que oculta hasta el final de la entrevista que tiene dos medallas: la de la Ciutat de Barcelona y la de la Guardia Urbana. Aclara que no son para ella, sino para quienes representa. Roser Vallhonesta Molins («ponga el segundo apellido porque las madres tienen un papel muy importante») nació en 1951. Preside la Coordinadora d'Entitats d'Horta en un barrio que rebosa de asociaciones de todo signo que ahora caminan unidas gracias, en parte, a la capacidad de liderazgo de esta mujer sencilla y tranquila --«y muy negociadora siempre que no me pisen un callo», bromea--. La entrevista tiene lugar en el Centre Cívic Matas i Ramis (Feliu i Codina, 20), en la sala Ignasi Vallhonesta, su padre y también luchador vecinal.
Información publicada en la página 47 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 17 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
—Le costó aceptar la medalla de la Guardia Urbana.
— Es que hace dos años tuvimos un problema. La Guardia Urbana se presentó con antidisturbios para desalojar un acto de la fiesta mayor. Me pareció una falta de respeto importante porque cumplíamos todos los requisitos pactados. Manifestamos duramente al intendente de la Urbana, con un representante de los jóvenes, la provocación que representaba. A los pocos días me ofrecieron la medalla, pero dije que no la quería. La anterior concejala me pidió que la aceptara porque significaba que la Guardia Urbana cambiaba de criterio. Ahora nos llevamos muy bien, aunque entre los jóvenes y la policía siempre hay tirantez. Creo que algunos guardias no tratan igual a los jóvenes que a los demás ciudadanos.
—Eso pasó durante la fiesta mayor, que crece pese a la crisis.
—Parece una frivolidad, pero este año ha sido el que hemos tenido mayor presupuesto porque vinculamos a entidades y comerciantes. Desde la federación hemos coordinado 90 actividades lúdicas y culturales en una semana. Destacaría las actuaciones de Nit de jazz y la Cursa, que el mes pasado atrajo a 700 corredores.
—¿Cómo se organizan tantas entidades?
—A través de subcomisiones. En la federación estamos más de 20 entidades, pero trabajamos juntos desde hace 35 años. Hay algunas centenarias, como L'Ateneu d'Horta, Els Lluïsos y el Tennis d'Horta, y el Foment, que cumple el siglo dentro de tres años. Con el trabajo conjunto y con la ayuda de voluntarios en la Comissió de Festa Major estamos entre las cuatro mejores fiestas, con Gràcia, Sants y Sant Andreu.
—Muchos actos en un barrio pequeño y geográficamente complicado.
—Solo tenemos dos espacios para los actos más multitudinarios, la plaza de Les Masies y el Mirador d'Horta. A partir del año que viene tendremos la avenida del Estatut, cuando finalicen las obras. En espacios más pequeños, como las plazas de Santes Creus y Eivissa, hacemos actos de pequeño formato. Nos gusta llevar la fiesta al centro, por eso los conciertos son en la calle del Tajo.
—¿Hay crisis en las asociaciones?
—Un poco, Pero más que el asociacionismo, lo que está en crisis es el relevo de los responsables. Nosotros intentamos potenciar a los jóvenes, a los que vienen detrás. Tenemos ya voluntarios de 20 a 30 años y de más de 50, pero faltan de la franja 30- 50.
—¿Por qué hay tantas en Horta?
—Viene desde que era un pueblo. Además, los vecinos de Horta tienen un espíritu colaborador y un sentimiento de solidaridad diferentes.
—Sentimiento de hortenc.
—Es que tenemos la sensación de ser de Horta, es algo que sentimos. Incluso hemos hecho camisetas con la frase Sóc d'Horta. Y muchos dicen que lo son de toda la vida, como los de mi colla. Incluso aún hay vecinos que dicen: Me voy a Barcelona. Mi familia, sobre todo por parte de madre, es de Horta de siempre, desde el bisabuelo. Y mis padres tenían en el barrio una masía del siglo XIII.
—Y nunca ha querido irse de aquí.
—Una vez mi marido trabajó en Bélgica bastante tiempo, pero yo tenía claro que no iría. He trabajado siempre aquí, de educadora en una escuela con la que aún colaboro. Y además, las asociaciones están en Horta y ellas me devuelven con creces las muchas horas que les dedico. Pero no quiero hablar únicamente de Horta. Represento a todo el distrito en el Consell Ciutadà. Tenemos 11 barrios y todos son importantes.