Josep Domènech (Barcelona, 1955) nació en la Barceloneta, en la misma casa donde aún funciona el restaurante familiar Can Manel (Joan de Borbó, 60) que abrió su bisabuelo en 1870. Su padre fue uno de los fundadores de la Agrupació de Comerciants e Industrials de la Barceloneta (ACIB), y con 25 años Domènech ya les ayudaba. Desde hace un año, preside esta entidad y se preocupa por fomentar el pequeño comercio de un barrio al que se siente orgulloso de pertenecer.
—¿Antes de ser comerciante es vecino de la Barceloneta?
—Por supuesto. Nací aquí, en la casa de mi familia y en este barrio tengo toda mi vida. Para mí es un privilegio vivir en esta zona, al lado del puerto. Antes, nadie quería vivir aquí. Decías que eras de la Barceloneta y la gente se asustaba. Pero desde los Juegos Olímpicos, este barrio ha cambiado mucho.
—¿Qué comercios predominan?
—El mayor potencial del comercio de la Barceloneta está en los bares y restaurantes. Dan trabajo a mucha gente de forma directa e indirecta.Por ejemplo, la mayoría de los productos los compramos a gente de aquí. Hay pequeños comercios que se sustentan porque la gente del barrio les compra, como es el caso del mercado. Pero la mayor parte del peso del comercio lo tienen los bares y restaurantes.
—¿Y los pequeños comerciantes?
—También hay tiendas de toda la vida, sobre todo en el interior del barrio. La mayoría son negocios familiares que venden ropa, zapatos, joyas... Ellos son los que ahora lo están pasando peor. Por eso, desde la agrupación estamos intentando potenciar el comercio del barrio y ayudar a los pequeños comerciantes con iniciativas que les puedan beneficiar.
—¿Por ejemplo?
—El pasado 7 de julio celebramos en el barrio el día de El Comerç al Carrer. Los pequeños comercios sacaron sus productos a la calle. La gente pensaba que la iniciativa no funcionaría, pero la verdad es que se vendió mucho. Fue un éxito. Por eso, vamos a repetirlo en septiembre, durante la fiesta mayor del distrito, y nos gustaría hacerlo hasta cuatro o cinco veces más al año.
—¿Es fácil, en la actualidad, abrir un comercio en la Barceloneta?
—La verdad es que no. El problema principal es el de las licencias. Casi no se dan. Y cuando se otorgan, tardan mucho. Solo hay facilidades para la gente que quiere abrir un puesto de alimentación, como los supermercados. Aunque hay buena relación con la gente que viene de fuera y abre este tipo de establecimientos, habría que ayudar más al comercio interior. Tendría que regularse más el tipo de tiendas que se abren en el distrito. La gente joven y emprendedora no tiene ninguna facilidad.
—¿Cree que el turismo en el distrito palia la crisis?
—Por ejemplo, en mi restaurante el 95% de las personas que vienen por la noche son turistas. Así que adaptamos el negocio a la gente que viene de fuera porque son, en gran parte, los que lo sostienen. De todos modos, desde la ACIB tenemos muy claro que no queremos que la cosa se desmadre. Tiene que ser un turismo cívico. No queremos ver botellas por la calle o suciedad, porque esto crea una mala relación con los vecinos y deteriora la imagen del barrio.
—¿Qué opina usted de la liberalización de horarios comerciales?
—Es un tema que hablamos muchas veces: abrir más horas o menos. Yo soy partidario de que cada comerciante decida por su negocio. Hay gente joven que está dispuesta a abrir las tiendas los domingos porque, al ser la Barceoloneta un barrio muy turístico, creen que venderían más. De todos modos, los comercios pequeños no creo que abrieran un domingo porque sus dueños están acostumbrados a tener ese día su jornada de descanso semanal.
—¿Cuál es el balance comercial de este año en la Barceloneta?
—Por el sondeo que he podido hacer entre los vecinos, muy bajo. La crisis se nota, como en todas partes. Personalmente, por lo que respecta a mi restaurante, en el último semestre hemos bajado entre el 10 y el 15%. La subida del IVA se va a notar mucho. Subirá el gas, la luz, el agua... y si además a la gente les quitan las pagas extras, les rebajan el sueldo y les suben los impuestos, el nivel adquisitivo bajará.