Conxita, Roser, Carmen, Montserrat y Elena toman café en la terraza del mercado de Sant Gervasi. «Cada día vamos a misa de 10 y luego, nuestro café y la compra», apunta Elena. Son fieles clientas. «La carne, los huevos… ¡siempre aquí!», dice categórica Roser. Carmen recuerda la inauguración de la última reforma, en septiembre del 2001: «Yo llevaba un vestido lila y el alcalde --«era Clos», le chiva su nieta Mireia, que las acompaña-- me regaló unas flores del mismo color».
Las primeras paradas eran de quita y pon. A mediados del siglo XIX la compra se hacía a escasos metros del actual, «en la antigua plaza de la Constitución, hoy de Frederic Solé», tocando a la calle de Sant Gervasi de Cassoles, dice Salvador Albuixech, presidente del eje comercial Barnavasi. Albuixech, un libro abierto sobre la historia del barrio, aprovecha para desmontar un mito muy vivo entre los vecinos, que atribuyen el nombre del antiguo municipio de Sant Gervasi de Cassoles a una contracción de cases soles, por su escasa población (entre 7 y 10 hogares en 1359). «Cassoles», aclara, «era el nombre de la torre de Pere de Montjuïc», que en 1245 logró la autonomía parroquial respecto a Sarrià.
Tras su etapa al aire libre, el mercado se instaló «de forma espontánea» bajo los porches del edificio del antiguo ayuntamiento (la anexión a Barcelona llegaría en 1897), explica Albuixech. Sant Gervasi estrenaba el edificio del mercado el 1 de febrero de 1913, según consta en La Vanguardia del 6 de enero de 1968, en una información sobre las obras del actual mercado. De aquel original, levantado sobre una estructura de hierro, apenas se conserva documentación. Ese vacío se intenta compensar con la iniciativa de la dirección de Serveis de Territori del Ayuntamiento de Barcelona para reconstruir la memoria, barrio a barrio, de Sarrià-Sant Gervasi a partir de los siempre valiosos recuerdos de los mayores. Los comerciantes esperan recopilar testimonios y fotos para conmemorar el centenario del mercado con un libro y una exposición. «Queremos que los jóvenes conozcan y comprendan nuestra historia», destaca el vicepresidente de la asociación de comerciantes del mercado, Cristóbal Núñez, mientras mira decepcionado las paralizadas obras de la línea 9 del metro. «Al menos recuperaremos la plaza», se resigna.
Jaume Barbany es uno de los paradistas más veteranos. «Cuando dejé el colegio me puse a trabajar con mis padres y mi hermana vendiendo carne de cerdo», comenta. No oculta su nostalgia: «El mercado de antes era antiguo y frío, pero para mí era mejor». Victoria Fajardo, presidenta del recinto, indica que aquí los negocios «pasan de padres a hijos». Ella empezó en La Boqueria y, con 17 años, estrenó el mercado actual de Sant Gervasi. Este se abrió el 19 de octubre de 1968, aunque la fachada era entonces de obra vista. Durante el derribo del primero, las paradas se trasladaron a la ronda del General Mitre. Un párking subterráneo de 211 plazas fue el ensayo de una gran innovación en la ciudad. «El primer mercado con aparcamiento es ya un hecho en Barcelona», relataba al día siguiente el Diario de Barcelona. «Claro que semejante capítulo del nuevo costumbrismo solo puede darse en los mercados de postín», añadía el artículo, firmado por Sempronio.
Un hombre mayor de aspecto afable que derrocha simpatía le compra jamón dulce a Barbany. «Es el padre del exalcalde», anota aquel en voz baja. No hay duda. Su parecido con Jordi Hereu es innegable.